La palabra más seca entró en mi casa hoy. Cuando abrí los ojos la ví, despilfarrada en sus letras. Con la palabra vino un desorden monumental, el augurio de una situación extrema. Quién soy ante la palabra que destruyó la puerta? De dónde me buscan? Por qué me acechan? Me imponen una conducta descriptiva, y no hago caso; antes necesito recalar en el flujo de la conmoción. La palabra espera tanto de mí y no podré responderle sino me suelta y me enseña el significado por donde debo comenzar, en lugar de arrojarme cientos de ellos como piedras. Así estoy. Sin saber cómo separar el hecho de su esencia. Suceden encuentros, diatribas, entradas, guerras, anocheceres, mano de obra, implosiones, gente que conversa, yo que converso con alguien por azar, yo que converso con alguien querido, que lo intento, que voy, alguien que me sorprende, ellos que se alejan entre sí al frente mío, nacimientos, el que forja, la dirección de los vientos, muertes, ciclos, la respiración, el minuto pretérito, suceden miradas todo el tiempo, la mística rodando por el cráneo, vulneraciones, alimentos, pérdidas, chapuzones, heridas horibles, políticas, mundos mudos de aquí, suceden mundos oscilando desde aquí, mundos siendo en desventaja de sílabas con rumbo a la organización.
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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.
Tuesday, December 30, 2014
Monday, December 29, 2014
Maestra
La maestra vino hasta mí. Siempre quiso hacerse notar y por eso la evadía. Ella no tenía autoridad sobre los hechos a discreción de la vida y amarraba mis sueños de una pata de una mesa. Si yo la encuentro hoy va a encontrarse con la realidad hecha pedazos de patas arriba y mis tejidos a su exposición. La maestra que vino después fue muestra de la pura idea a concebir en mi imaginación y me ofreció la traición como si fuera algo para beber en la noche y ver pasar en la calle el tiempo hasta borrarla del pizarrón. La maestra se fugó. Se casó. Se hartó del oficio de enseñarme estrellas, de inculcarme dudas, de presentir la sangre, de escrambear con una alumna, de levantar muertos, de afinidad. No prefiero ninguna y si huyen o descansan regresan y casi nadie recuerda mi nombre salvo ella, la maestra parida en dos madre y marida por la fuerza a la poesía.
Saturday, December 27, 2014
Trampolín
El trampolín a lo siguiente no se usa hace un tiempo. Lo miro por la ventana y parece como si el agua le llegase al cuello. Una vez alguien que tenía todavía juventud hizo un salto mortal y hoy lo recuerdo como si estuviera vivo. Hay que poner los dedos fuera del borde para empezar, y así sucede la aproximación, aún cuando no se percibe claramente lo demás. La actitud del cuerpo siempre fue importante, no puede uno dejarlo temblar, en ningún momento, bajo ningún motivo; el cuerpo que tiembla corre un peligro inminente, no se basta de la profundidad, piensa que está solo encima del temblor y delante de lo que va a suceder, de todas maneras, el trampolín está ahí, solo, nadie lo usa desde un tiempo en que los dedos se ponían al borde de las manos para agarrarlas, señalaban los caminos, dejaban huellas.
Thursday, December 25, 2014
Salvadora
Entre abuela y yo hay montañas. De este lado alguien pregunta, y del otro,
nadie recuerda. Me preparo para
dedicarme a subir pacientemente y pasar la noche donde sea. Veo un parpadear inconsistente en el
cielo. Siento la amenaza de un naufragio
de reflejos. Observo la caída. Pero sigo
trepando hasta poder verla y ella se escapa y me deja sola con ella. La toda de vida de madre y tabaquera. Me
enseña la paciencia que quiero cultivar con mis manos en la tierra. Me mira y yo no sé si siente vergüenza, por
mí. Me pasea por la fábrica de lo que
dejé de sentir y lo que olvidé trabajar.
Pero me aguzo, porque no me voy a quedar atrás, con tanto campo para
nosotras, del interior de la isla en sombras, de la organización de los sueños
en torno al almuerzo desperdigado en hijos, en nietos, en biznietos necios,
callados hasta ahora, como yo, como ella, Salvadora.
Tuesday, December 23, 2014
Las mujeres
Las mujeres que
estuvieron cerca de mí no pararon de hablar.
Sentadas esperando que se las llevaran. Las compras en las manos, en el
piso y en la falda. La opinión. Nadie se las quería llevar para su casa. Las bolsas para asfixiarles la cara. El ruido de la terminal para debatirles. La vuelta al hogar para encerrarlas. El tiempo de espera para unirles. El hastío para separarlas.
Saturday, December 20, 2014
Movimiento
La hamaca es
ahora un barco que me deja. Hubiera
querido instalarme en esa tranquilidad.
Pero había manos que no terminaban de hacerla. Las mías decían adiós para no volver a mirar. Los sueños en la hamaca me habían advertido
una presencia que hacía dejar de mecerse.
Hasta que un día mis manos ayudaron a hacer el barco. Hasta que un día el barco estuvo hecho pero
no me quiso llevar. Los sueños en la
yerba me advirtieron que debía seguir haciendo barcos para que otros pudieran
llegar. En ese lugar donde yo estaba
ahora permanezco. No importa si pueda o
no llegar a ver algo descubierto o el principio de esta construcción. Hay para mí lo mismo que lleva el movimiento.
Thursday, December 18, 2014
Sencillez
Quisiera morir de
sencillez pero utilizo lo que esté a mi alcance para ser sencilla a modo de
artificio. Quisiera vivir sencillamente pero la materia me aplasta como a todo
el mundo aunque de un modo diferente. Si pudiera me cambiaría todo menos el
alma, que por fin se sentiría satisfecha y sería más parte del mundo que
yo. Trato de levantar la cara con
respeto, y que él sea como el Señor que me acompaña y me limpia los ojos hasta
hacer que brillen.
Wednesday, December 17, 2014
Oportuna
Oportuna salió al encuentro vestida con lo que tenía. Parecía un tenedor entrando en una boca en primavera. Era la gésima vez que salía Oportuna del agujero de la gota de sal. Caminar era algo que valía la espera sin rumbo. Una más de las historias de las grietas que florecen a ambos lados del camino de Oportuna con diadema de cristal. Oportuna sabe ser audaz y hacer temblar la tierra hasta que se abre y comer de los peces que desentierran los pasos. Para vivir Oportuna miente. Para vivir Oportuna muere. Para caminar tranquilamente bajo la luna Oportuna viste con lo que tiene y parpadea con suavidad para no asustarse. Cuando pasa el tiempo, reconoce, y cuando el tiempo reviste el camino, recuerda cuando junto al risco ríe sola.
Sunday, December 14, 2014
Realidad
He vuelto por el
pasadizo de la realidad y el ánimo está como de costumbre. Las verjas del jardín concentran la teoría en
tierras ajenas, pero algunas veces algo crece con ímpetu y también vienen los
fanáticos de cortar y podar y cercar aún más este pedazo. Pero el pasadizo es amplio y aquí hay ángeles
que nadie recuerda y están haciendo flores en mi cara, frente a mí y sus vidas
me pasan por dentro como si fuera útil la mía para vivirla entre todos los que
somos. Recuerdo pasar sin cargar nada ni
buscar nada ni pretender que fueran alas lo que hubiera a mis espaldas y hay un
peso de realidad. Esta noche hay un
baile y un sacrificio. Voy a quitarme el
cuerpo y la música seguirá sonando y los ángeles que se pasean en mi memoria, será eso lo real.
Friday, December 12, 2014
La integración se integró. La expresión se expresó.La mente amasó la verdad hasta hacerla cuerpo de vida.
Friday, November 14, 2014
A Katherine Mansfield
Katherine, sé que no
pude hacer nada por ti. Escribo y
escribiré, pero ya es muy tarde. Siento
que haya tenido que ser así para ti y que mi vida haya corrido otra
suerte. También te dejé de leer,
Katherine, hubo un momento en que no me interesó más, necesitaba de otras cosas
que tú no podías darme saliendo de mí. ¿Por
qué iba a querer conocerme menos a fondo a través de ti? Es el año 2014, y
estoy aquí. Tengo la edad de Katherine,
y estoy aquí reviviéndote de la manera que puedo. Hace un tiempo atrás descubrí algo que a ti
también hubiera podido salvarte y lanzarte a la vida. Tu problema sigue siendo
la vida y mi descubrimiento es sobre la vida misma. Estoy preparada para ayudarte a salir de ahí. Mientras tú tocas el violín yo acomodo el
espacio. Katherine, no has hecho nada
parecido a lo que estás por sentir. Con
el tiempo vas a dejar de soñar con la casita y el jardín; en tu cuerpo siempre
vas a estar en casa. Pero tienes que estar dispuesta a estar aquí. Deja los papeles a un lado y levántate; que
esto que te voy a enseñar no tiene que ver con nada de este mundo ¿De verdad te
interesa sobresalir? Pues yo te voy a mostrar la salida hacia ti. Si continúas estando aquí vas a ver cómo lo
imposible cambia de cara y te reconoce hasta el punto que se vuelven
amigos. Íntimos, como tú y yo. Voy a acompañarte paso por paso, para que
lentamente puedas encontrar tu corazón, tu voluntad, tu raíz, tu luz. Katherine se desdoblará y multiplicará;
morirá y nacerá de nuevo una y otra vez.
La literatura de Katherine iniciará una nueva época en la vida de
Katherine.
Wednesday, November 12, 2014
FELISBERTO HERNANDEZ
Voy de la mano de Felisberto; lo
comprendo, pero cuando intento acercarme a sus obras tempranas se produce una
suerte de hecatombe; no quiero estar más junto a él, detrás de él, quiero que
se aleje. Detesto que sea tan tonto como
para escribir la palabra loco, y luego, dos palabras adelante, contar sobre
quienes están a punto de no poderse entretener.
El aburrimiento de estos días está fomentado por un enorme vacío
intelectual. Felisberto no me está
ayudando en nada. Pobre Felisberto, que
en la grandiosa edición de sus obras tempranas, han pegado una foto suya para
ilustrar un marcador y exprimirlo entre la seis y la siete, entre la noventa y
la noventa y dos. En la librería saben
que a mí me gusta Felisberto Hernández; hay una pequeña sección exclusivamente
suya. Borges está en todas partes: su
inmenso rostro en la pared, sus poesías donde corresponden, los cuentos que
cubren tres anaqueles; está también en la otra sucursal, y en el depósito, y
siempre viene alguno de camino. También
están detrás de mí, velándome las espaldas, las partes que completan su
producción literaria. Las han guardado
en el puesto de caja como un tesoro cuyo valor se estima dentro de los
parámetros que encierra un tesoro. Estoy
en contacto con los números en el salón de las letras. Este mes recibo el aguinaldo y con el
descuento que tengo como empleada me llevo uno de los tres libritos que hay de
Felisberto. Mientras tanto puedo elegir
otras lecturas, pedir permiso, llevarlas a mi casa y ubicarlas nuevamente en su
lugar. Me tiemblan hasta los dientes
cuando encuentro que Roberto Arlt en carpeta dura clava su mirada sobre mí
desde adentro de mi bolso. Arlt es
despiadado, pero Felisberto, no digo que es un boludo, pero hay actitudes de él
que me molestan, que me dejan sin defensas ante este mundo arltiano. Es un lugar triste, sobretodo en el momento
de intercambiar el libro por dinero. Me
he fijado con atención, más que nada, en los pocos individuos que han llevado
consigo algún pedazo de Felisberto. Me
he fijado con atención pero he encontrado muy pocas cosas en ellos. Puede estar relacionado con un particular
descreimiento por ambas partes. No creen
que yo sea una verdadera lectora de Felisberto; yo tampoco creo que ellos lo
sean. Ahora se está poniendo de moda en
la universidad y las muchachas gritan “Ay, Felisberto”. Tan insalvable es el destino. Todo se convierte en coca cola. Han dicho que los cuentos de Felisberto
subyacen a cuatro niveles de ficción; lo han dicho en voz alta y con micrófono
en un auditorio frente a quinientos estudiantes. En la desgrabación impresa de la clase no hay
ningún enunciado que contradiga esta afirmación. A mí me encantan sus símiles y metáforas,
aunque no estoy segura si son esas figuras literarias en específico pero sí que
me asombran. Cuando caigo sobre una de
ellas, dentro del extraño mundo que ha creado Felisberto, sucede como si la
extrañeza ya no fuera sólo de la historia. Imagino que para Felisberto, él en persona,
esos saltos a la vista -primero, y luego- esas transformaciones de la mirada,
se remiten al significado que sobre lo artesanal tuviera su trabajo literario. En algunas de sus metáforas uno se queda más
rato en actitud contemplativa y casi incrédulo ante la superposición de escenas,
las grietas que abre al relato, la voz huidiza que ilumina al acompañante. Las metáforas de Felisberto pueden ser tan violentas que pugnan por la destrucción del texto desde un lugar de poder totalitarista. Poco a poco cada frase se impregna de los estragos que ha ido dejando su trastocada visión.
Andando de la mano nos pasa que a mí me mata la prisa y a él no; tal vez por
eso puede crear con esmero, aunque al mismo tiempo -el que transcurre lento por
su cuerpo hasta el cansancio- cala profundamente en mi incomprensión. El se detiene sin razón alguna. Tal vez no nos encontramos en todos
lados; al parecer, es indigno en estos casos determinar un punto de
encuentro. Los dos juntos no cabemos en
la hache. Cada vez que alguien se lleva
de la librería una edición póstuma de Felisberto yo le suelto algún comentario,
algo así como: “Justo puse el marcador en un cuento increíble, de manera que
cuando lo abras se te hará imposible no comenzar por ahí.” Luego me ataca la tristeza, no sé por qué
adjetivé injustamente un cuento de Felisberto, justo él que rechazaba los
lugares comunes del lenguaje. Y me pongo
a pensar. Me siento en la butaca unos
minutos proyectando la mirada hacia la sección de filosofía y pienso. No puedo pensar, es uno de los resultados del
proceso mental que se desarrolla durante ese breve espacio de tiempo. Desde que entré por esa puerta se cancelaron
mis valores, acá adentro me es imposible sentir amor por Felisberto ni por nada. Lo que logro sentir puedo pensarlo
vivencialmente unas semanas más tarde.
Pero cuando estoy ahí, solamente lo estoy viviendo. Vender
libros es casi tan humillante como no llegar a escribirlos nunca. Felisberto también tuvo que remarla, no
vendió libros pero quizás, medias de mujer.
Tuvo que reducir su vocación por el arte debido a una fatal
predisposición a la supervivencia; viajó por teatros y cafés de las dos
orillas, tocando una música que no apelaba a sus propias concepciones acerca de
la estética; y esto a pesar de haberse aferrado desde muy joven a sus ideas,
parecidas a las que son representadas en este fragmento de Clement
Colling, momento en que comienza -a
través de un concierto de piano al cual él asiste como espectador- a captar la
naturaleza de su relación con la realidad, el arte y el conocimiento.
Mucho más tarde me di cuenta que quería rebelarme contra la injusticia
de insistir demasiado en lo que más sobresalía, sin ser lo más importante. Y si podía sobreponerme a ese ruido que
cierta crítica hace en algún lugar del pensamiento y que no deja sentir o no
deja formarse otras ideas menos fáciles de concretar, si podía evitar el
entregarme fácilmente a la comodidad de apoyarme en ciertas síntesis, de esas
que se hacen sin tener previamente gran contenido, entonces me encontraba con
un misterio que me provocaba otra
calidad de interés por las cosas que ocurrían.
Una de sus metáforas dice: “En
aquel instante me sentí como el empleado al que le dieran un momento
libre.” En este punto, más que en ningún
otro, coincidimos él y yo. No sé a qué
alturas de su edad, pero ya bastante grandecito, el escritor tiene que rendirse
por enésima vez al modo de operación que rige el mundo laboral. Creo que le tocó ser mecanógrafo o
taquígrafo, lento como podía ser en comparación con la juventud de empleados
que colmaba su lugar de trabajo. El compañero
de trabajo que narra en una reseña esta etapa en la vida de Felisberto, lo
muestra rodeado de gente, todas las mañanas tiempo antes de comenzar la
jornada, contando cuentos y anécdotas
interminables a los demás, con el fin, según el joven amigo, de hacerse
querer. Da pena Felisberto, inadaptado
hasta el último momento. Cómo hago para conseguir la música de Felisberto. Por qué no se suicidó. Entre la primera y la segunda parte del
“Caballo Perdido” yo leo un terrible sufrimiento, pero también en “El
Acomodador” en medio de sus escabullidas como un ratón por la ciudad. En El
cocodrilo sola y únicamente sufre, cuando se hace el que mira las casas
mientras su agente le explica por qué no ha podido concretar ningún concierto
de piano.
Anoche, antes de dormirme, cerré los
ojos y lo vi, a su lado había un conejo.
Creo que tengo que regresarlo a su hábitat de modo permanente, no vaya a
ser que el frío y las conversaciones que tengo con los demás, en torno a él, lo
estén matando. Un compañero de trabajo
me preguntó quién era Felisberto y le contesté que un pobre pianista, tan siquiera
pude decir que era un escritor uruguayo de la primera mitad del siglo XX. Así, de ninguna manera, me van a creer. Llevo un tiempo intentando agarrar algo que
me ayude a construir un puente de comunicación entre nosotros.
2009
Thursday, November 6, 2014
Milagros I
Milagros no tiene vocación de niña.
Pasan los días y no la vemos. En
el lugar que ella eligió para vivir hay un jardín bien grande. A veces paso por ahí. Y ella parece que estuviera sembrada. Casi nunca viene a la escuela y nadie la
extraña, pero yo siento que falta Milagros.
He tenido peleas con otras niñas, y soy yo quien les corre detrás. No se me escapa una. Dicen que no tengo piedad y que debería
tenerla. Desde que era más chiquita me
gustaba pelear con los niños y las niñas. Los niños tampoco me ganan y las
maestras me tienen miedo y no me dicen nada.
Yo siento que estoy viviendo mi niñez de una forma rara, debe ser que
soy rara. Me molesto mucho y me aburro
cuando no sé qué hacer. En la escuela me
molesto más todavía porque tengo que hacer cosas que no quiero. Me molesto tanto que las ganas de pelear
vienen solas, quiero que los demás sientan lo que yo siento y que nadie pueda
crecer y se acabe todo. Si crezco
también va a crecer mi molestia y si ellos crecen no van a saber qué hacer, como
ahora. Ayer nos mandaron a dibujar algo,
yo dibujé algo y se lo entregué a la maestra.
Ella dijo que dibujara otra cosa y me enseñó el dibujo de Felicia, para
que viera. Yo me molesté mucho. La maestra me vio algo en los ojos y me dijo
que en el pueblo vivía una señora que hacía con sus manos ojos de arco iris,
como los colores del dibujo de Felicia, que la señora era muy vieja y que ya no
veía bien porque le había dado a los niños toda su visión y que vivía cerquita
del río, cruzando el puente. Cuando dejó
de hablar se me quitaron las ganas de perseguir a Felicia y salí corriendo y
preguntándole a la gente que dónde vivía Doña Esmeralda. Cuando escuché el río sonar supe que ya la
había encontrado. Afuera de la casita
había dos caballos, tres vacas, como treinta gallinas y tres gallos. La puerta
estaba abierta. Le grité su nombre y una
brisa bien fuerte me despeinó más. Entré
a la casa y Doña Esmeralda estaba sentada en el sillón con los ojos abiertos
pero no miraba nada. Me senté en una
sillita frente a ella y le toqué las manos.
No me sentía molesta con Doña Esmeralda por no haberme esperado. Busqué en las gavetas y en los rincones de la
casa y no encontré los ojos de arcoíris de los que me habló la maestra. Pero encontré sentimientos de los que la
maestra ni nadie sabía, porque estaban bien guardados. Le di un beso a Doña Esmeralda en las manos y
salí a bañarme en el río. Cuando bajé la
jalda vi a Milagros entrando al agua,y elegí vivir ahí, del otro lado del
puente, bajo el arco iris.
Donde Milagros vive hay un jardín bien grande pero la casa no se ve. Esta tarde fuimos juntas a la escuela pero no entramos, nos trepamos en uno de los árboles que están del otro lado de la calle y nos quedamos ahí sentadas, mirando para allá en la hora del recreo. Las piernas de Milagros estaban colgando, quietas, y las mías se mecían en el tronco. Le pregunté si ella había conocido a Doña Esmeralda y me dijo que sí, que Doña Esmeralda era su abuela. Cuando respondió me miró fijamente a los ojos, y vi que tenían los colores del arco iris. No me sentí molesta con Milagros por tener en los ojos todos esos colores, que además, la hacían lucir hermosa. Ella me dijo que si yo quería me los podía traspasar, pero que tenía que ser uno por uno, hasta completar los siete. Me parecía raro que Milagros hablara de esas cosas pero lo decía tan tranquila que sabía que tenía que ser verdad. Volvimos a mirar para la escuela y vimos que Lucinda y Santino estaban peleando. El le jalaba el pelo y ella le mordía un brazo. Los demás niños y niñas hacían un círculo alrededor; unos repetían en voz bien alta el nombre de ella y otros el nombre de él. Mis piernas se empezaron a menear más rápido en el tronco y cuando miré para al lado Milagros había desaparecido. Estaba abajo del árbol, esperándome. Cuando bajé, me preguntó que quién yo quería que ganara la pelea. Le dije que prefería que ganara Santino porque Lucinda nunca me miraba ni me hablaba. Milagros me dijo que iba a tener que traspasarme primero el color rojo, y me agarró las manos como yo hice con Doña Esmeralda. Después me llevó hasta la verja que encerraba a los niños y niñas en el patio de la escuela y mirábamos para adentro pero nadie nos veía. Misis Pérez salió y se metió adentro del círculo. Separó a Lucinda y a Santino. Se veía que estaba muy molesta. Regañó a todos los niños y niñas y se los llevó para adentro de la escuela donde nadie podía ver. Nosotras brincamos la verja y entramos al patio. Milagros estaba haciendo movimientos que yo no había visto nunca antes. Dijo que me mostraba para que yo también los pudiera hacer. Pero aunque me quedé mirando, sin decirle nada de vuelta, pensaba que era imposible que yo pudiera hacer eso que ella hacía. Era uno de sus juegos favoritos. Le gustaba mucho quedarse paralizada en uno de los movimientos, como una estatua viviente. Eran estatuas raras pero parecían obras de arte. Como nunca hemos ido de gira al museo, no podría comparar. Cuando terminó me traspasó el anaranjado y sentí que tenía una amiga por primera vez. Milagro juntó sus dos manos para que yo apoyara el pie y se me hiciera más fácil subir para brincar la verja.
Estábamos del otro lado escalando una montaña porque ella me advirtió que sólo si llegábamos hasta el pico y nos parábamos debajo del sol, me podría dar el amarillo. Como yo quería todos los colores le dije que sí aunque me sentía débil y la barriga me rugía como un león. Escalando la montaña le pregunté si su abuela Esmeralda la regañaba mucho y era por eso que parecía que no la extrañaba tanto. Milagros me dijo que nunca la regañó, que era una mujer silenciosa pero siempre que la iba a visitar le contaba alguna historia y que todas las historias las tiene guardadas. Me dieron más ganas de haber conocido a Doña Esmeralda porque debía ser una mujer muy rara. Cuando por fin llegamos al pico Milagros sacó un pan de su bolsillo y con la mirada me traspasó el amarillo. Lo que sucedió después tal vez nadie me lo creería, pero de verdad pasó. Cuando iba a volver a bajar la montaña, para regresar al pueblo, Milagros me detuvo y dijo que si yo quería los ojos de arco iris, teníamos que seguir subiendo. Esperamos que una nube se acercara y cuando ya estaba ahí ella me agarró de la mano y nos trepamos. Desde la nube mirábamos a los niños y las niñas en la escuela, los negocios, la gente, las casas y los animales. Pero como la nube siguió volando veíamos desde arriba otros pueblos, gentes, escuelas, casas, negocios y animales. Le pregunté a Milagros con un poco de miedo que qué pasaba si la nube se rompía y ella me dijo que no importaba porque podía caminar en el cielo. Esto último que me dijo me causó una impresión muy grande, pero más me asombré cuando señaló hacia abajo, hacia una tierra desconocida y me dijo, mírate. Tenía otro cuerpo, otra cara, otra edad, hacía otras cosas, pero no tenía duda de que era yo. Después de cruzar el océano por mucho rato, me volvió a mostrar a mí en otros lugares y tiempos. Allá ella me pidió que nos bajáramos de la nube y regresamos caminando por el cielo. De camino, Milagros se paró para quitarse los zapatos, y yo hice lo mismo. En ese momento aprovechó y con la mirada me traspasó el verde. Dijo que ese color era el tesoro de su abuela Esmeralda, el que más apreciaba de todos los colores, y me dio un abrazo por primera vez, que yo sentí bien hondo en el corazón. Sentía que tenía juguetes nuevos, con los que ni siquiera me habría atrevido a soñar, porque eran perfectos aunque muy delicados y tendría que cuidarlos muchísimo y usarlos bien. Le dije a Milagros que yo quería todos los colores, pero que por ahora era suficiente. Después de sentirme tan liviana no quería ser una glotona. Le di las gracias como cien veces, y seguimos caminando entre el cielo y la tierra.
Wednesday, November 5, 2014
Cantar
Cuando tú cantas
es cuando más te quiero. Si te escucho
cantar me parece que no eres tú porque la voz que usas todos los días está
vestida de negro.
La voz que te pones cuando despierto me corta la respiración, la escuela
me queda más lejos. Las monjas me dieron
con la cruz en la cabeza porque ni que no sé cantar, y no es eso, es que desde
hace mucho tiempo tú no cantas, y no puedo hacerlo sola, tenemos que cantar los
dos. A ti también te han reventado
cosas, tu voz de trueno me lo dijo y no te creí hasta que te oí cantando. Cuando cantas yo te entiendo y te
imagino. Hemos cantado mal cuando nadie
nos ha visto y nuestros cantos han hecho una catástrofe montañosa donde la
gente viene a cantar por cantar y después se alejan. Allí abajo está la iglesia, la plaza, la
escuela, y los pájaros cantan pero nosotros no queremos cantar ahí, será porque
somos cantantes de otra categoría, de la vieja escuela del canto del alma que
se nos ha puesto gris y así los pájaros la manosean y después se van volando,
pero no es tan fácil para ti y para mí.
Recuerdo aquellos viejos tiempos cuando cantabas, las monjas se tenían
que tragar la lengua, tú describías los tonos de la naturaleza, subíamos a la
campana y ahí yo cantaba contigo.
Tuesday, November 4, 2014
Pequeña
Pequeña
saltarina, qué te hiciste? A quién dejaste entrar? Puede todo el mundo entrar
por esa puerta tan pequeña? Mírate los pies qué grandes están. Desde hace cuánto tiempo que caminan? Luego
te voy a contar algo que me dijeron, te lo voy a decir al oído para que nadie
oiga en un momento secreto. No puedes
creer todas las palabras. Reserva las
que llamen tu atención y atiéndelas debajo de la cama y arriba del techo
mirando las estrellas. Eres tan pequeña que no deberías estar sola, pero los
lugares que elijas van a influir mucho en tu manera de crecer, por eso te mando
a donde te mando. Hay que seguir
instrucciones, a veces. Secretamente nos
enviaremos correspondencia. Déjame ver
tu mano; Qué grande! Quién escribió esto por ti? Dice que esperes una vida un
día de estos, asomada en medio de la noche.
No debes confundirte, porque así puede ser que no te encuentre. Si sientes confusión quédate bien despierta,
ve preparando los ojos para cuando llegue.
Llora ahora todo lo que puedas, lo vas a necesitar después, haberlo
llorado todo con ganas.
Monday, November 3, 2014
El Misterio
Lo vi en unas
escrituras. No dudé un momento. Supe que cambiaría el rumbo de mi mente y de
mi vida para siempre. El mar se abrió en
dos y caminé por ese atajo. Pareció un
camino fácil. Llegué a pie pero empapada
del agua que salpicaba a ambos extremos.
La conclusión tuvo una nota refrescante.
Verdaderamente refrescante. El
misterio, en lugar de apagarse, se avivó.
Pero era tan refrescante el misterio que aún quemándome no sentía el
dolor como dolor. No dije quiero volver
atrás. Ni dije intentaré interpretarlo
nuevamente. Dije llévame. Dije voy.
El mar de esta isla me separa del otro extremo y del otro extremo. Nací en una isla en medio del mar y del
mundo. El mar se abrió y agarré ese
atajo porque sabía que no habría uno igual; fue la única vez que lo vi
hacerlo. Vi de un lado el mundo y del
otro lado el extremo y del otro lado el otro extremo. El mundo estaba en medio del mar y el mar se
abrió y me metí por ese misterio para ver a dónde me llevaba. No hay nada que
interpretar si uno nace en una isla en medio del mar y del mundo o donde sea. Hay el extremo de lo que es y hay el extremo
de lo que no es y ambos coinciden en el lugar donde el misterio nace. Vi mi cuerpo ardiendo sin dolor y supe que
estaba escrito. El misterio hizo cenizas
la interpretación; desde siempre estuvo poseído de astucia y aparentó ser otra
cosa, y así me había dominado a mí hasta que me prendió en fuego. Experimenté
una sensación extremadamente refrescante mientras me quemaba. Parecía que el símbolo tomaba posesión del
símbolo del símbolo y que el viento soplaba como nunca.
Palacio de la Paz
No sé si fue la
primera vez, o luego de cuánto tiempo comencé a tener una experiencia real de
transformación. Hasta hace unos minutos
no había encontrado la manera de describirme a mi misma la ruta hacia el pico
más alto de los hallazgos, donde no he estado todavía, pero del cual reconozco
su existencia. De algún modo sabía que
había estado en una cima y contemplado el llano desde ahí, en silencio, en
soledad. Pero no podía saber si visitaba
a alguien, ni cómo me trataba, ni qué me enseñaba, ni si yo quería vivir ahí o
si debía hacerlo, al menos por un período en el cual, gradualmente, obtuviera el aprendizaje
que había ido a buscar, sin saber qué era, pero sabiendo al menos que algo
tenía que aprender y que no estaba entre las cosas que abundan y se esconden a
mi alrededor. Entre todas estas cosas no
sé cuál elegir, si el sueño, la introspección, la música, o los botes de
pesca. Elijo no atentar contra las
pérdidas. Acomodo las cosas en sitios
distantes para ver qué se puede hacer con eso hasta que ya no hay nada. Como este instante se renueva, tengo que
volver a empezar, pero siempre por un lugar distinto, entro por otra puerta,
por la que no quieren dejarme entrar, entro.
Tiro sogas hacia cualquier punto que encuentre y me deslizo como los
pájaros. Cuando llego a un punto de
castillo en ruinas dejo de pensar, y me preparo para que el pensamiento me
sujete, y me lleve lejos, hacia el punto más diminuto de los que caen del
árbol, me lo como y entro al Palacio de la Paz.
De allí me robo tantas cosas.
Cuando regreso, porque la paz dura poco tiempo, el entendimiento me
visita, y siento que puedo abrazar el mundo y que no hay gesto humano más
deformado que ese.
Friday, October 31, 2014
Espejo
Tú eres tu propio
espejo. Las formas cambian las formas
que cambian en ti. Las formas contienen cualidades, atributos, y esencias. El espejo en que te miras te personifica según
la forma que intentes crear. La mirada
del espejo te devuelve la fuerza o la debilidad, la gracia, o la fealdad, la
firmeza o los temblores a los que expones el alma. Todos los días te miras al espejo. Es un espejo de más de cuatro dimensiones,
por lo tanto, te puedes ver por dentro, te ves de espalda, desde arriba, desde
abajo, al mismo tiempo. El espejo
arrebata las mentiras y nos las muestra; se apropia de cada porción de mentira
que le enseñamos. Cuando volvemos a
mirarnos al espejo, él tiene las mentiras listas en las manos, para sacarlas y
mostrárnoslas y tentarnos con querer volver a vestirlas. Si el espejo se rompe, ya sabemos lo que
hicimos. Si el espejo permanece, nos
refleja la verdad.
(Yoga)
Thursday, October 30, 2014
Sentir
Si no tuviera
miedo, qué haría? Estaría en disposición de sentir de verdad; sentiría
cualquier cosa, la que me pongan delante, sabría ser la sensación. En caso de no existir miedo dentro de mí, de
haberlo erradicado por completo, me dedicaría completamente a sentir no importa
la manera o la forma en que venga el sentimiento. Si no hubiera ni una pizca de
miedo ya, podría aceptar sentir lo que debo sentir me guste o no.
Las niñas
Están las niñas
en el río. Ellas son dos, tienen edades
aproximadas con temperamentos entre piedra y corriente. Hoy hace un lindo día de sol. Están la niñas buscando entre escarpadas los
peces que brillan. Hoy hace un día como
para comérselo con lujuria de aguas. El
cuerpo crece cuando sumerge la ilusión.
Las niñas se miran impresionadas y cambian de lugar. Tú a esa cascada, yo detrás del árbol que se
quema. Tu quemándote, yo bajo la cascada
más grande de la montaña más grande de la tierra más grande del universo. Hoy es un día como para no separarnos nunca. Las niñas parece que tiemblan de frío y se
hablan y se hablan. Yo te escogí a ti
cuando te vi primero. La temperatura
cambia. Yo te ví en mis sueños. Tú tenías visiones y me viste. Estabas sentada en esta piedra mirándote para
adentro y no lo pude soportar. Me
despertaste. Hoy es un día.
Wednesday, October 29, 2014
Ensueño
Las explicaciones
no satisfacen mi consciencia. Cuando
cierro los ojos las explicaciones ordinarias se pierden y mueren por
incapacidad de supervivencia. Las
explicaciones no se adaptan a la geografía del ensueño. Es una palabra hacia la cual no siento simpatía;
me da igual lo que suceda con ella, ni cuánto quiera seguir engordando de orgullo.
Cuando cierro los ojos, otros principios gobiernan mi existencia; los seres que
conozco vuelan, el aire torna sus mentes más livianas y hay hilos de colores
que nos conectan para siempre. Nadie
olvida, y nadie desea. Nadie ni nada
muere. La lógica es el agua. El amor el fuego. La inteligencia es Dios. Cuando cierro los
ojos y viajo hacia esos otros mundos que tienen lugar en el fundamento de éste,
las historias reales poseen otras causas y otras consecuencias; lo vivido en
carne propia es un trozo muy pequeño de lo vivido en realidad. Hay una sustancia en la memoria que se puede
beber, si la sed es definitiva. Recibo
explicaciones extraordinarias, en mensajes claros sobre sentidos yuxtapuestos
que hacen su propia vida como en un juego de luces y sombras, de escenarios,
gentes y pasiones sobrenaturales. Puedo
verlo todo a la vez, sentirlo todo a la vez, y creer en todo.
Tuesday, October 28, 2014
La guitarra
Había algo de
visionario en él. He vuelto a verlo en
sueños. Tenía una cara bíblica y un aura
espectral, sobre todo cuando tocaba la guitarra. Las notas que salían también eran
espectrales. Entre él y yo las palabras
eran un acontecimiento. Sucedían las
palabras por gracia y por error.
Físicamente él estaba ahí y yo estaba ahí, cerca uno del otro, pero
lejanos cada uno en su universo imaginario de palabras, sensaciones, arcas y
diluvios. El recuerdo anima el misterio
inagotable de los encuentros, lo fantástico de la experiencia del amor, aumenta
el peso de la irrealidad y te cambia el rumbo de la mirada, de repente. Yo sabía mirarlo tocar la guitarra, y tal vez
no supe hacer nada más que eso, pero lo hacía muy bien, con mi universo
estallando alegorías que misteriosamente cayeron en el olvido, se tensaron en
las cuerdas y destruyeron la música con palabras específicas que eran en sí
mismas universos de significados que configuran otros seres.
Alegría
Me dejo vivir
alegrías. Espero y mientras tanto vivo. Nunca pensé llegar a este punto, de vivir
hasta en los sueños, de soñar en la vida. Y no es todo alegría, pero no importa ni
remotamente, cuando el río la trae me baña por un largo tiempo. No espero la alegría pero llega. Es una alegría remota, imperfecta y limpia. Es una alegría de aquí allí, que cambia de
disfraces como yo y quiere parecerse a otra, pero es solamente así y está
detrás de todas las cosas sucias y demasiado buenas.
Friday, October 10, 2014
La casa
Por qué no
vivimos en esa casa? Habría tenido que buscarte por todas las habitaciones, en
el jardín, dentro del molino. No me esperaste para llegar a caballo a la casa y
por eso no la vivimos. Te acuerdas de
mí? Sigo sentada en la entrada, a una gran distancia de la entrada. Tú estás en la cocina llorándome y comiendo
de nuestro pan? Recuerda que lo hice para ti.
No me dejaste vivir y nos fuimos.
Te encerraste y me encerraste.
Ahora la casa tiene más habitaciones, una más sucia que la otra, cada
cual infranqueable, las hay sin piso, sin paredes.
Cómo íbamos a levantar esos escombros? Cómo hubiera sido posible que tú
y yo solamente? La casa necesitaba demasiada atención y cuidado antes de osar
entrar en ella. A ti tal vez ni te
importaba. Habrías inventado maneras para vivir. Porque tú tenías algo que yo
no. Tú podías estar en la casa y yo no. Y
a mí de todos modos me encantaba, la extrañaba sin vivirla, la sentía dentro de
la piel, me pertenecía como si la hubiéramos parido con amor, sin conocerla,
imaginando cómo sería, el rostro que tendría, con qué intensidad nos miraría de
vuelta. Hoy creo que creció. Tal vez ya no está tan linda hecha pedazos de
otra dimensión. Te revisitaría en el
pozo siempre que estuvieras presente. El
pozo estaba en el centro. Seguirá
estando ahí o me perderé mil vez antes de llegar? El molino tarda tanto en abastecerse. Tú tardas tanto en irte. Yo me tardo, porque vivir ahí es tan despacio,
porque siento con mucha lentitud y cada día el viento trae algo distinto y todo
se mueve. Quiero invitarte a pasar, no
hay luz, nunca hubo luz, vamos a tomarnos las manos.
Tuesday, October 7, 2014
Yoga XX
Ahora que el proceso terminó, la historia vuelve a dar inicio, y empiezan a suceder otras cosas que implican nuevos procesos. Lo que me alegra de este instante de mi vida es el eje de continuidad, la insistencia del destino. Pero, de verdad, materialmente, los logros no me causan felicidad, ni me siento realizada, ni nada. Comprendo que la felicidad se gana con mucho sacrificio, pero, de nuevo, no ese sacrificio, otro, el de jugarse la felicidad, esa felicidad, de esa existencia.
Sigo abriendo el regalo de mi preparación en la práctica de Yoga, y no despreciaré nunca el alimento de la filosofía. Aún así, hay tanto que se queda del otro lado: la devoción, la tierra, la luna, los lugares donde no podré llegar, y las personas que no conoceré, los saberes prohibidos a esta reencarnación.
Estoy empezando a percibir sutiles extrañezas en mi diario vivir, y eso me asusta y me consuela. Tengo certezas que me parten el alma y al mismo tiempo me acercan a ella. No tengo mucho que decir, pero ahora que soy instructora de Yoga, trabajaré, continuaré trabajando, amando, eso es todo, trabajar, amar, servir, para mi es suficiente.
Sigo abriendo el regalo de mi preparación en la práctica de Yoga, y no despreciaré nunca el alimento de la filosofía. Aún así, hay tanto que se queda del otro lado: la devoción, la tierra, la luna, los lugares donde no podré llegar, y las personas que no conoceré, los saberes prohibidos a esta reencarnación.
Estoy empezando a percibir sutiles extrañezas en mi diario vivir, y eso me asusta y me consuela. Tengo certezas que me parten el alma y al mismo tiempo me acercan a ella. No tengo mucho que decir, pero ahora que soy instructora de Yoga, trabajaré, continuaré trabajando, amando, eso es todo, trabajar, amar, servir, para mi es suficiente.
Monday, September 8, 2014
Yoga XIX
1era semana de septiembre, 2014.
La amistad florece, sale del olvido. Las historias que me cuento tienen ahora oídos. Las palabras que recibo las cuido en mi jardín. De las vidas pasadas prefiero los reencuentros de esta vida. Mi album familiar se va poblando de imágenes. Pasaré el tiempo reviviendo lo que nunca deja de estar. La amistad perdura, porque habla la verdad, porque canta con el corazón, porque crece en la unidad.
Sunday, August 31, 2014
Yoga XVIII
agosto 29, 2014
Pienso en las muchachas del Yoga, intento adivinar de qué están hechos esos vínculos y hacia dónde nos conducirán. Cuando estoy alrededor de ellas o ellas están alrededor mío vivo algo especial, algo con tono de pureza. Pero cuando se terminan nuestro días ellas ya no están y me pregunto si serán de verdad parte de mi vida o me las estoy inventando. Hoy, el corazón, no sé por qué, me brinca como si algo hubiera sucedido y solo él estuviera enterado. Dónde están las muchachas? La estarán pasando bien? Se sienten en calma? Sí, ellas están bien, cuidan a sus hijos, cuidan a sus padres, se cuidan de sí mismas. Qué colores visten hoy? Cómo están sus energías? Qué vino hacer cada una de sus almas? Por qué sucedió nuestro encuentro? Quiénes somos juntas?
Thursday, August 28, 2014
Yoga XVII
un día a finales de agosto
Las metáforas del Yoga son tan literales que a veces ni las capto; aunque confío en la imposibilidad de detener su fluctuación en las diferentes almas que la recorren en sus cuerpos mentes. Observo la transformación; el transcionar de una forma a otra como acto ritual. El movimiento transgrede la forma esparciendo sus simientes en derredor; localiza instancias de resistencia y sublevación; destruye todo lo que toca y trastoca el orden de las cosas para crear nuevas formas. Uno trata de componerlas según su horizontalidad, y verticalidad, y circularidad, y diagonalidad, y espacialidad, y espiralidad; vas entrando, o cayendo o experienciando formas, desapegadas del tiempo, según el estado de la mente, las dimensiones del cuerpo, y la intención. Son extraídas de un tiempo mitológico hacia donde la forma avanza para recuperar sentidos perdido u olvidados. Las formas traspasan los poderes que nos han sido ocultados. Comprender el lenguaje de las formas nos comunica con lo divino, cara a cara. La forma trasciende la forma.
Yoga XVI
Antes las clases de la mañana abastecían el campo de posibilidad de Yoga en mí. Mi cuerpo y mente estaban en otro escalón, que, en realidad, no sé si se ubicaba más arriba o más abajo o estaba paralelo a este, pero separado. Qué fue lo que pasó en este tiempo? Ahora las clases de la noche me llevan a donde tengo necesidad de ir: al límte. Me da alegría tener maestros externos, amigos que me acompañen en mi proceso y ayuden a mi orientación y ánimo. Las muchachas están cambiando también, su práctica les pule el alma, brillan, y están más cerca, de ellas, y de mi.
Monday, August 25, 2014
Yoga XV
22-08-2014
Dónde está la aventura? en saber que no hay nada más que esto y que por ahí se cuelan trillones de gotas de presencias. Dónde está la extravagancia? en mirar más allá de lo aparente y escapar a la razón. Dónde estoy yo? en un lugar indefinido entre la esencia y la apariencia. Hacia dónde voy? hacia dentro de este instante y hacia afuera en movimientos que parten desde el centro y se conducen hacia el centro. Para qué? para encontrar algo.
Tuesday, August 19, 2014
Yoga XIV
16-08-2014
Hoy fue Ana a la clase, no la conozco, pero estuvo ahí y su presencia dejó una marca inborrable. El testimonio acentúa la vibración del verbo. Las palabras con sentido no tienen forma de escapar de mi cabeza, por eso casi todo lo olvido, recuerdo visiones entre actos. Todo es real y todo es ilusorio al mismo tiempo. Los hechos describen las ideas y las ideas organizan los sueños. Todo va de la mano. A mi lado estaba Ana porque yo estaba a su lado a miles de mundos de distancia y terriblemente cerca. Las palabras con sentido resuenan. Quien tiene oídos, que oiga.
Monday, August 11, 2014
Yoga XIII
5-08-2014
La guagua tarda horas en llegar a Santurce, y horas en regresar. En la terminal me masacran los mosquitos, aunque trato de permanecer serena. Gracias a estas circunstancias comencé a desarrollar mi práctica personal de Yoga. Estoy dando mis primeros pasos sola. Estudio y observo todo lo que hay por aprender e intento incorporar cada nueva pizca de conocimiento a mi práctica, es decir, a la vida, a mi relación con la vida. He encontrado libros con quienes conversar en las noches. Memorizo palabras, frases e ideas que puedo contemplar durante el día. No me canso del misterio. Sé que todo está bien, en el fondo, muy en el fondo, como escribió Katherine en su última hoja. Firmeza, observancia, y soltura se buscan en la práctica para entrelazarse en mi diario de vida. A veces soy como el cangrejo, que tantea aquí y allá en la arena buscando un hoyo donde esconderse, entra y sale, entra y sale. Estoy mirándolo de cerca, en la playa, y me mira de costado con sus ojos de cangrejo trayendo a mi memoria que a veces no es Yoga. Floto en la pocita con la cara fuera del agua, escucho mi respiración; fuertes vientos que viajan incesantes.
Friday, August 1, 2014
Yoga XII
12-07-2014
La clase del sábado a la mañana, me gustó mucho. Me sentia tan naturalmente anclada, y tan naturalmente elevada en el entorno que todo se sentía simple, necesario, fluido, como llegar al elemento y fusionarse al elemento, y además, poder sentir placer, gozo. Estaba en mi templo, de pies a cabeza; ya no se me escapa la mirada hacia los otros, los libré de mí. Busco Drishti en mi mirada, donde mi visión se ponga en marcha, donde pueda habitar y también pueda sostenerme. Drishti es un lugar seguro y desconocido a la vez. Es seguro porque no hay resistencia a lo desconocido cuando uno entra en Drishti. es desconocido porque da inicio en un más allá. En ocaciones juega a ser imperceptible, indescifrable, pero cuando estás atento te das cuenta que estas ahí, muy cerca, a punto de rebelarse.
Wednesday, July 16, 2014
Yoga XI
7-07-2014
Con qué rapidez suceden ciertos cambios. Hoy día me reconozco distinta, y sé que dentro de poco me va a volver a suceder. Podré hacer cosas que hoy no sé hacer; tendré un conocimiento que hoy no tengo; mi disposición espiritual ante la vida se habrá renovado también; mi capacidad de visión será más amplia; el afecto que siento por las personas será mayor; estaré más en sintonía con mi época y realidad; lucharé mejor; abarcaré más temas y espacios. Me podré dar más. Ayer, antes que empezara la clase de yoga, me senté en padmasana sobre el mat, y ahí, inhalaba llevando las manos por los costados del cuerpo hasta arriba, las unía, palma con alma, y las traía hasta el pecho, exhalando. Mi cuerpo hablaba un lenguaje refinado y se alimentaba de movimientos suaves que se iban encontrando a sí mismos y llegaban a cúspides donde yo me quedaba mirándolos, asombrada. Era libre. Podía comunicar mi estado interno y mi sentimiento por el mundo. Mis huesos, músculos y órganos habían cambiado. Son más extensos, flexibles, versátiles, más tiernos. Cada parte de mi cuerpo es una entidad propia; somos todos compañeros, y ninguno tiene más valor, ni menos deber. Me ayudan a renovar los secretos, liberándolos, cuando ya no precisan estar secretos.
Friday, July 11, 2014
Yoga X
5-07-2014
Mi memoria corporal
me devuelve a la bailarina ¿Quién me la quitó? ¿Quién se apropió de mi ritmo, de
mi cadencia, de la libertad de mi cuerpo, de mi sensualidad, de mi belleza, de
mi brillo? Pero si todo esto era mío, una caja de tesoros que está dentro de mí
¿Y qué tienen de malo? ¿Por qué los niego? ¿Por qué me creo que debo
suprimirlos si cultivo una vida espiritual? ¿Por qué pienso que van por caminos
separados? Pero si no hay música mas mística que la rumba ni mi espíritu se
siente más ensalzado que bailando. El
yoga prepara y curte mi alma para que mi cuerpo sea la expresión de sus
matices; por eso se va expandiendo cada vez más, sacude sus límites; puedo
abarcar zonas del espacio que creía imposibles.
El contenido del alma necesita miles de canales por donde conectar con
las cosas de este mundo. Bailando
despiertan todos mis centros. El yoga
une caminos que creía separados. Ahora
el camino es más sabroso.
Yoga IX
3-07-2014
All you need is yoga. Así
me siento hoy, con una necesidad inmensa de asanas,
pranayamas y vinyasas. Voy camino a
la clase de yoga con la intención a flor de piel; la intención que va a
sostener y potenciar mi práctica. Mi intención es estar conectada con lo
divino. No mientras dure la práctica
solamente, sino hasta en lo más etéreo y profundo de mis sueños. Debo llegar a lo divino cruzando el puente
hacia el cuerpo energético, caminando en la respiración. A veces me siento atada a la pobreza de
existir, tal vez porque actúo con rigidez hacia los días. Creo que debo pagar con el displacer. Creo que me estoy equivocando, porque mi alma
me pide a gritos dejar a mi cuerpo bailar, que es lo que quiere, y cantar que
es lo que quiere, y reír que es lo quiere.
Estoy tirada en la arena, paré en la playa porque me di cuenta que donde
único encuentro prana en la ciudad es
aquí. Y de verdad, aquí se puede respirar,
y el contacto con lo divino es inmediato.
Ahora me zambullo en el mar.
Yoga VIII
30-06-2014
Hoy fui a una
clase a la mañana. Ahora, en la tarde,
siento que soy otra. Noté durante la práctica
que mi intención era minuciosa y que intervenía en cada movimiento,
desplazamiento hacia uno nuevo y en las posturas. Pero además, podía reunir los aspectos físicos
con los sutiles a través de la respiración.
Me ha tomado un tiempo llegar a este punto; el tiempo, en realidad, ha
sido corto, pero ha habido mucha practica en ese periodo, y ahora es que
empiezo a verme mejor en ella. Puedo
vivenciar la estabilidad, vivenciar el equilibrio y la gracia; puedo sostener
mi fuerza y orientarla hacia donde se precisa.
Siento que asisto al Yoga con devoción.
No sé si espera algo de mí; pero yo sé que espero sanación, claridad y
entrega. Poco a poco veo que se están abriendo
estas puertas, y nadie las fuerza para que se abran. Las abre el viento cuando siente que me estoy
acercando. Me estoy acercando, y voy
despacio, es como mejor puedo dirigirme.
Hoy la práctica iba mucho más rápido que yo y tomé las riendas de mi
ritmo y vibración. Hasta lloré en un
momento; era tan hermoso verme resurgir; crearme un nuevo rostro, una forma
nueva hecha a imagen y semejanza del pulso y los latidos que me nombran. Debía satisfacer la necesidad vital de
respirar el ser y ofrecerle mi esfuerzo, y la intención de florecer cada día,
para representarlo dignamente.
Sunday, July 6, 2014
Yoga VII
23-06-2014
Fue en una clase
con Dori, a la tarde, hace dos días. El salón estaba lleno, había casi cuarenta
personas y solo dos espacios para poner el mat; uno estaba pegado a la pared,
al fondo, detrás de todo el mundo, oculto casi en una esquina, lejos de todas
las miradas; el otro estaba en el mismo centro del salón, frente a la maestra,
rodeado y expuesto a todas las miradas: elegí ese. Fue una clase magnifica. Podía concentrarme y entregarme a la práctica
como si estuviera sola, pero con la alegría de estar acompañada, dentro de ese volcán
energético. Ya había adquirido la
confianza en mí y en mi práctica como para hacerme visible y actuar desde el corazón
al mismo tiempo. Al menos tengo menos
capas de miedo; se van cayendo con el sudor.
Inclusive pude realizar una postura de fuerza y equilibrio que siempre
me costaba: Kakasana. Debía encajar los tríceps en las espinillas,
mirar un punto fijo, y balancearme, sosteniendo el cuerpo solo de la palma de
las manos. De pronto estaba en la
postura, ahí, tranquila, respirando, contenta, liviana, fuerte, en equilibrio.
Saturday, July 5, 2014
Yoga VI
17-06-2014
Busco mis vidas pasadas, pero trato de captar el secreto que esconde mi
naturaleza taína en esta vida presente. Necesito
obtener la sabiduría que me es propia de acuerdo a mi linaje indígena. ¿Cuál es el modo de mi alma taína de
relacionarse con los elementos y con el entorno? ¿Qué cree mi alma taína del afecto
y la comunicación con las personas? ¿En qué sentido le es preciso evolucionar? ¿Tomando
en cuenta que ideologías? ¿Habiendo practicado una vida de qué manera? ¿Cuánto he
vivido? ¿Cuáles son todas las cosas que sé
hacer? ¿Por qué me han amado? ¿Y qué motivos han tenido para despreciarme? ¿Cuántos
hijos tuve en la gracia del amor y cuántas veces me han violado? ¿De dónde he
sacado mis fuerzas? ¿Qué dioses he invocado? ¿Qué he dejado escrito en las
piedras para siempre? ¿Cuántas amigas he tenido a mi alrededor? riéndonos, sosteniéndonos,
y ¡bailando! ¿Quiénes eran? ¿Eran como Yami, como Bea, como Tatiana, como
Cristhi, como Dharma? ¡Cómo amábamos las tardes en el rio!
Yoga V
15-06-2014
Hoy fui sola al río;
me encuentro con mi río, y entre mis arboles, de raíces iguales
a las mías. Qué río en el mundo puede
ser más bello y apacible que éste de Río Grande. La temperatura de las aguas es ideal y la
corriente se mueve en un ritmo perfecto, casi lento, como para tener tiempo a
pensar en lo que le vamos a echar y que se lo lleve. Ahí estaba buscando mi
intimidad. Estaba tranquila a mi lado,
sin nada que no fueran las piedras, los cangrejos y peces, la flora, el cielo,
el sol, la tierra. En ese instante
escuché que se acercaban personas, me viré a mirar; era la gente del
grupo. Algunos se tiraron rápido al
agua, y las muchachas, sobretodo, se sentaron en las piedras. Yo me desplacé en el agua hasta una cascadita
que estaba cerca, pero retirada; quería estar un rato en soledad. Me metí debajo del chorro y después me senté
en godess pose sobre la piedra grande
frente a la cascada. Ya no sabía lo que
pasaba allá, estaba envuelta por el sonido del agua al caer. Me habían estado llamando varias veces
porque íbamos a hacer una práctica en el río, pero yo no contestaba; me
esperaban para empezar. Pensaba que habían
ido al río porque querían. Fue como si
volviera a tener diez años, pero ahora me podía disfrutar. Después
practicamos posturas sobre las piedras, de un trecho a otro del
río. Me quede atrás para guardar esa
imagen en mi memoria. Se veían
comprometidos en su práctica; aprovechando de verdad el momento. Cada ciertas piedras
me metía de nuevo en el agua y me refrescaba.
Todavía no sabía bien a qué dedicarle esa práctica, y se me ocurrió una
buena idea, sólo asanas de
equilibrio. Eso fue lo que hice, y ahí en
el río, enraizada en las piedras, no había manera de caerme.
Yoga IV
12-06-2014
Al principio ponía una velita frente a mí, y no sé qué pasó que la velita se está convirtiendo en un altar. Estaba sentada en padmasana, y de pronto fue muy fuerte el sentimiento de encontrarme con mi respiración. Perdí la noción de la forma de mi cuerpo, sabía que había una forma, pero no cómo era ni en qué posición estaba. Los órganos de la percepción estaban concentrados en el registro de la energía vital fluyendo por todo el cuerpo. Sentí con mucha claridad mi constitución energética por encima de la física. La constitución energética tenía una forma parecida a la física, pero se notaba nutrida de sustancias distintas, ni solidas, ni liquidas, ni gaseosas. Pude concentrarme durante largos minutos en este suceso; en esa realidad y presente puro. No había nada más, solamente la poderosa intención que sentía brotar del tercer ojo.
Friday, July 4, 2014
Yoga III
14-06-2014
Regreso del fuego
y de la luna llena. Sentí el calor
abrasando mi cuerpo. No le temo al
fuego; amo el fuego y la leña, las llamas en la noche. Trato de encontrar, en estos días de retiro,
mayor intimidad con mi ser; trato de encontrar
algo que siento que he perdido en los últimos tiempos, y ahora que escribo creo
que tal vez esa sensación de pérdida no es ni siquiera algo de esta vida, y que
quién sabe si se trata del eslabón roto entre mi alma y cuerpos, tiempos y
espacios anteriores. Es como si me
acordara ahora que me he olvidado de mi verdadero ser, y que para encontrarlo
no puedo recurrir ya al conocimiento que
he adquirido por medio de la experiencia y la actividad de pensamiento. Ya lo que ha sido hasta hoy mi relación conmigo no me es suficiente, ni siquiera tomando en
cuenta los pasos que he dado en la consciencia.
Veo que son demasiados pocos pasos, y que hasta ahora inútilmente me ha
sostenido el orgullo. ¿Así que al final
de cuentas la imagen superó la esencia y te hiciste súper visible? Es difícil vivir
con ojos que me miran todo el tiempo. Es
difícil no ser invisible ya. Ante tanta
visibilidad, proyección y mundanidad exijo a mi alma que aparezca, que no se me
esconda y me deje sin armas espirituales para combatir desde este cuerpo. Esta es la coyuntura de mi proceso. El mundo tal cual es me pide que entregue mi
alma y mi cuerpo devocionalmente; que haya música, danza, canto, fuego, luna y
el corazón abierto, pleno y libre en el amor.Yoga II
4-06-2014
En esa clase de
la tarde sudé como nunca antes en mi vida; amé cada postura y percibí cada
movimiento. Como parte de este proceso en la práctica y con la ayuda de la teoría
y filosofía de la que me empiezo a empapar, empecé a sentir por primera vez la
actividad detonante y transformadora que ejerce cada postura sobre los músculos
profundos y órganos internos. Cada célula
estaba despierta y llena de una emoción radiante dentro de mí. Comienzo también a extraer el mayor grado de
voluntad del plexo solar; sobre todo,
porque desde el inconsciente a estado llamando mi atención. Mi concentración
en la práctica de grupo está mejorando. También
me estoy soltando mas. Los movimientos
empiezan a ser más fluidos y dotados de una gracia orgánica. La estética de la vitalidad me apasiona. Sé que
puedo llegar muy lejos y elevar mi espíritu si acepto el sacrificio. Pero si
continuo peleando, si sigo machacando con la palabra mis ideas, si postergo el propósito
verdadero, si me alejo de la sinceridad conmigo misma, si flaqueo en mi conducta,
si pierdo el sentido de la acción, si dejo que me coma y me confunda el mundo
exterior, con su tradición y sus valores, si me dejo agitar por la saturación de
sucesos, si pervierto el poder del amor, no voy a lograr liberar el alma de la prisión
de la mente.
Sunday, June 29, 2014
Yoga I
18-05-2014
Estoy empezando a
relacionarme con las muchachas. Ya sé
que sus problemas, en general, son más grandes que los míos. Ellas son hermosas; intentan sacarse de su
fondo. Quieren la transformación. Siento que son sinceras. Tal vez son más sinceras que yo que hace un
tiempo vengo sintiendo que algo no anda bien en mi interior, que ya no tengo la
voluntad y disciplina de antes.
Inclusive he abandonado mi práctica diaria a solas, y no sé por qué dejé que las maestras de yoga me deleiten con sus sesiones y que esto me baste. No es verdad que me baste. Es verdad que estoy
en el lugar indicado para asumir los desafíos que hoy se me presentan. Tengo todo a mis pies ¿Cómo respondo
acertadamente a esta realidad? sin empezar a patear ni echar a correr. Tengo que adquirir mayor grado de consciencia
sobre el punto en que física y psíquicamente estoy en el camino. El destino se burla de mí y me dice: ¡Ah! ¿Hasta
aquí era que podías llegar? ¿Ahora ya no eres capaz de superarte a ti misma? ¿Qué
es lo que tanto te cuesta? ¿Abandonar la comodidad? ¿Finalmente se trataba de
eso? ¿Tú que has hecho alarde de tus fuerzas, de tu autonomía, de tu capacidad
de supervivencia, y que has considerado estos valores superiores a tantos
otros? ¿Tú que te has creído especial? ¡Y ahora yo te restriego en la cara que
no eres especial!, que eres una más del montón que busca, primero desesperada,
y después encuentra la calma y sigue buscando.
Ahora te toca hacer muchas cosas nuevas.
Tienes que aventurarte por bosques donde no has puesto un pie todavía ¿Te
acuerdas de la primera vez que entraste al bosque? Estabas llena de miedo ¿Te
acuerdas que después ibas, desde muy temprano, y no te querías ir? Bueno, basta
de paseos. Ahora también habrá cerros altísimos
para escalar. Ahora habrá miles de
formas en tu entorno que te causarán confusión.
Ahora no estamos tú y yo solamente.
Eran tan plácidos aquellos tiempos.
Ahora te dejo sola en medio del mundo, y en las orillas del mundo. Ahora
vas a viajar y tu cuerpo va a permanecer en tu lugar de origen. Vas a ver la
semilla, echaras raíz, y brotarás en tu suelo.
Esto tú no lo vas a decidir, lo decido yo. Serás Ceiba; serás agricultora, serás
escritora. Pero tienes que atenderme
primero a mí. Tienes que llevar a cabo
lo que yo te pido que hagas para tu perfección.
¡Pobre de ti! ¡Estas tan lejos de la perfección! Tienes que empezar por
callar ¿No te das cuenta que expresas todos tus defectos cuando hablas? Tiene que reinar la paz en ti, perdonarte y
amarte; y tú no te perdonas y no te amas todavía. Siéntate a escucharte. Espera, naturalmente se produce la decantación
de la impureza y el agua se aclara. Bébela. El foco tiene que ser la nutrición, hacia ti
misma, y hacia afuera. Quiero que puedas
nutrir a cualquiera que atraviese tu camino.
Que aunque aun no hayan crecido, puedan ver tus ramas y respirar el
oxigeno que das. Pero no quieras
sobresalir y ser el árbol más fabuloso sobre la tierra. Que tu objetivo sea caminar, a pesar de todo,
y aunque seas árbol.
Friday, June 27, 2014
Migajas
MIGAJAS
I
El cuartito estaba en una calle del
barrio obrero de la ciudad. Abrí la
puerta: cuatro paredes, muy cercas unas de las otras. El lugar para esconderme durante el
sueño. Voy bajando los cinco escalones
con la lengua por fuera, de prisa. Las
piernas recientemente dieron un último estirón.
Me arranqué el pelo de la cabeza mirándome al espejo. Es temprano; me suda la sangre. Voy a donde quiero ir en un estrecho
recorrido. Leo líneas en los árboles y
en las páginas. En resumen, no
entiendo. Hasta el viento me muerde, me
desgarra la piel. Me lleva de esta
manera a los encuentros. Para qué, no
discuto. Estoy sentada y callada:
llegué. Recibo una humillación: la
primera. No les gusta mi cabeza, las
piernas sí. Hablan fuerte entre
hombres. Yo miro la luz del sol que
entró tímida por el marco de la puerta y está tirada en el piso. La miro sentada sobre un cajón. Recibo una segunda humillación. La música suena mal, pero me gusta el
ruido. El ruido me es familiar, me
contiene, me conoce. La voz no me
escucha, mi voz no escucha. Oigo solamente
las pisadas. Una momia puede ser
feliz. Conservo descubiertas las
pupilas. La destrucción completa me
sobrevive. Alargo la vista, extiendo mis
ojos. Hacen lo que hacen con la mirada.
Bajan los hombros con la mirada.
Se vuelcan a la vida. Arremeten
contra la vida. Se pudren solos. Cargo con estos pobres ojos. El ruido les flagela, pero no lo ven todavía.
II
Los periódicos estaban puestos sobre
el mostrador. Yo miraba mi reflejo a
través de la puerta de cristal de la heladera.
No veía a más nadie que a mí. Me
habían dejado sola. Tuve que vagar para
encontrar una heladera donde introducirme y conservarme. Tenía intacto el sentimiento de estarme
congelando. Era una penumbra diferente a
la soledad del bosque. El estrépito
tenía la virtud de ser comunicable. Yo
hubiera querido ser la camarada pero fui tan solo un estrépito versificado, mi
propio estrépito. Si alguien escupía,
mis ojos atrapaban esa espesura. Intentaba reacomodarme con el aire salivoso
envolviéndome. También, de algún modo,
era fuente de calor lo que veía. Cuando la
luz se desmoronaba por completo ellos se iban sigilosamente por las calles sin
querer hacerse notar. En nada cambiaba
que anduvieran despacio o de prisa. El
asombro se los había comido y no tenían más hambre ni de un lado ni del otro ni
con un significado en particular.
III
Mi nariz
olía la hora en que el Camarada estaba por llegar. Cansado de haber vuelto de un día pesado en
la obra de construcción se sentaba en un cajón, a mi lado. Sus pupilas volvían a expandirse como si
fueran las de un niño y no de un viejo que sufría una mortal enfermedad. Huesudo, largo y casi siempre
agonizante. Teníamos cosas que hablar
mientras la sangre se revolcara. Nos
decíamos bajito las conversaciones; formábamos un techo con nuestras dos
cabezas. Era congruente el ritmo de una
y otra respiración. Yo quería pasar
todas las tardes así. Pero cuando el Camarada enmudecía se cerraban todas las
puertas. Yo insistía al ver que se
estaba enamorando de mí. Me apuntaba con
un fusil entre las cejas, porque estando él y yo solos podía hacer conmigo lo
que quería. Pero se extenuaban sus
fuerzas al sostener cualquier arma, aún si esa arma hubiera podido,
verdaderamente, derrumbar el edificio que nos veía dormir.
IV
Subo los
escalones mordiendo un pedazo de pan. La
luz se está apagando; relampaguea adentro del cuartito. Caen rayos.
Me siento al borde de la cama y no miro por las ventanas. Las cierro.
Tranco con mis ojos la puerta.
Termino el pan. Lleno de migajas
todo el piso. Me inclino a lamerlas
hasta que ya no queda ni una. Durante
horas, hasta el amanecer estoy lamiendo migajas de pan en el piso. Me duele el estómago. Me estalla la cabeza. No quiero que amanezca otra vez. Intento alcanzar un libro con mi mano pero mi
mano no me responde y el libro no me responde.
Nada sube hasta aquí aunque el camino sea corto. Me preparo para estar de pie y trabajar en
poco tiempo. Hay que lograr pequeñas
cosas cada día. Hablar como si
nada. Mirar como si nada. Trabajar.
Si no tengo una mano, si no tengo dos manos, si no tengo manos. Clavo mis rodillas en el suelo. La puerta se abre sola. Nadie busca llegar hasta aquí.
Thursday, June 26, 2014
"Y si despues de tantas palabras no sobrevive la palabra? Que se lo coman todo y acabemos." CV
Tío Paquito
estaba muerto hacía tiempo, o lo que era vida en el tenia una forma y un
sentido distinto a lo que mis sentidos perciben como algo viviente. ¿De qué se
alimentaba él? ¿Por qué en el estomago el cáncer y no en otra parte? Con toda
seguridad debía comer arroz y también carne.
Pero me pregunto de que se alimentaba Paquito, y por que los huesos succionaron
las comidas para aferrarse a la piel. Paquito
dejo de hablar hacía muchos años; aunque recuerdo su voz, era de un solo color,
como del color de la puerta de su cuarto, un crema tirando a marrón. Alguna vez pude asomarme a ver que había adentro,
y las cuatro paredes manchadas de tiempo, la camita en la esquina, el olor a
cigarrillo y las colillas, coincidía a la perfección con los rasgos de una
celda. Tampoco Paquito salía de ahí. Era como si hubiese inventado su propio útero,
para estar en la vida y al mismo tiempo no estar; para ser Paquito y al mismo
tiempo nadie. Eligio quedarse hasta el
ultimo día en casa de abuela. Se quedo
en ella como en una madre-casa abandonada.
Eligio no morir en sus brazos. A mí
nunca me abrió la puerta. De modo que
para mí el era esa puerta color crema tirando a marrón. De algo, ahí adentro, se alimentaba, de
arroz, de cigarrillo, y también debía comerse todas sus palabras antes que
salieran sin la raíz que las había hecho germinar; se las tragaba mezclándolas al
sancocho de palabras que se apelmazaba del otro lado de la puerta; a todas les metió
el tenedor, el cuchillo y el diente. Se
jarto de nuestras palabras y se jarto de la palabra.
Ahora derrumbaría
esa puerta y daría mi mano a aquel que supo guardar silencio durante casi
sesenta años; aquel, que a pesar de a veces responder, no dijo nada. Vivió tal como no decía, fue continuamente
sincero, nunca brinco de alegría, ni sonrió con placer, ni mostro ninguna ambición
ni deseo por nada. Todo lo que no dijo
que iba a hacer no lo hizo. Por eso
justo en el estomago. Tantas palabras
que él no hubiera querido comerse jamás.
Cuantas miles de palabras durante tantos años las veces que salía de su
cuarto. El mundo eran palabras que su
paladar aborrecía. Por eso los últimos vómitos
interminables; su cuerpo enfermo hablando sin parar, repitiendo gestos
grandilocuentes; expresándonos su más profundo asco.
Wednesday, June 25, 2014
VIII
Nunca me preguntó dónde enterré al perrito. Le habíamos nombrado
Padua por San Antonio. Ese era el día del santo y por ser franciscano
simpaticé con él. Luego Doña María me contó que San Antonio de Padua
le da marido a quien no tiene, y le dije a la doñita que intentáramos,
pero ella dijo que ya a estas alturas, y yo después recapacité. El
perrito lo había traído hacía unas semanas, se lo regaló una paisana
amiga, y cuando lo vi carcomido por las pulgas, lleno de calvas todo
su cuerpito, y aquellas todavía linchándolo multitudinariamente, me
dieron ganas de tirarle a Doña María con el televisor, y que terminara
esa doble existencia al unísono. Con la Barcina inmunda de sarna, con
la casa llena de ratas, con los gatos mugrientos y las tarántulas, con
el gallinero demandándonos maíz a cada rato, no necesitábamos otro
perro enfermo.
- Pero se va a morir- dijo Doña María- a mi todos los perros se me mueren.
- ¿Y por qué diantres lo recoge Doña María?- le pregunté.
- Vamos a ver qué pasa- dijo
Agarré al perrito por el pescuezo, lo metí debajo del grifo del patio,
lo rocié con detergente y lo restregué y exprimí como si fuera un
trapo. Le dije a Doña María que se hiciera cargo. Le di la orden de
no dejarlo morir, y de curar de una vez a la perra sarnosa que entra
a la casa como si nada y si no es porque yo estoy ahí María es capaz
de sentarla un día de estos a la mesa para que le haga compañía.
- Haga que le pongan a esa perra una inyección Doña María.
- Es que no tengo dinero, mija- me contestó.
- No me diga usted eso Doña María que su poquito dinero se lo malgasta
en la estúpida colectividad de la iglesia ¿Es que usted quiere ganarse
un premio por su colaboración? ¿Qué anuncien por los altoparlantes del
pueblo que Doña María viuda de Carrasco es la persona que mayor
aportación hace a la iglesia? ¿Por qué en su lugar no cura a su
perro? ¿No la quiere ver sanita, con ánimo para ladrar y tiempo para
vivir? ¿No es acaso su familiar más cercano, quien único en este mundo
le responde? ¿La tiene sometida a una vida de sufrimiento porque hay
que poner el dinero para la torta de la novena, para que los cerdos
feligreses engullan hasta el hartazgo y al menos por la torta vayan a
despedirse del muerto que se comió también todas la tortas que la
pobre Barcina…? ¡Y usted le sigue dando sopa! ¡Y el diácono gordo de
contento! Porque Doña María es una mujer responsable y cada domingo
tira al canastito su buen diezmo. ¡Vidrio tiraría yo Doña María, para
cuando vayan a contar la platita, zas! ¡Le están chupando la sangre y
usted le chupa la sangre a la Barcina!
Creo que le puso una inyección de mentira porque la perra está cada
vez más enferma, y cuando me dijo, ya desparacité a Padua, era otra de
sus patrañas. Mi pobre viejita la beata, a veces le place
desobedecer.
Cuando agarré el cuerpito de Padua para depositarlo en la sepultura y
lo presionaba con los dedos y llamaba por su nombre una y otra vez,
por si acaso de repente me oía, y al acomodarlo finalmente y tirarle
la primera palada de tierra, no me acordé de ella, sabía que su muerte
me pertenecía.
Nunca me preguntó dónde enterré al perrito. Le habíamos nombrado
Padua por San Antonio. Ese era el día del santo y por ser franciscano
simpaticé con él. Luego Doña María me contó que San Antonio de Padua
le da marido a quien no tiene, y le dije a la doñita que intentáramos,
pero ella dijo que ya a estas alturas, y yo después recapacité. El
perrito lo había traído hacía unas semanas, se lo regaló una paisana
amiga, y cuando lo vi carcomido por las pulgas, lleno de calvas todo
su cuerpito, y aquellas todavía linchándolo multitudinariamente, me
dieron ganas de tirarle a Doña María con el televisor, y que terminara
esa doble existencia al unísono. Con la Barcina inmunda de sarna, con
la casa llena de ratas, con los gatos mugrientos y las tarántulas, con
el gallinero demandándonos maíz a cada rato, no necesitábamos otro
perro enfermo.
- Pero se va a morir- dijo Doña María- a mi todos los perros se me mueren.
- ¿Y por qué diantres lo recoge Doña María?- le pregunté.
- Vamos a ver qué pasa- dijo
Agarré al perrito por el pescuezo, lo metí debajo del grifo del patio,
lo rocié con detergente y lo restregué y exprimí como si fuera un
trapo. Le dije a Doña María que se hiciera cargo. Le di la orden de
no dejarlo morir, y de curar de una vez a la perra sarnosa que entra
a la casa como si nada y si no es porque yo estoy ahí María es capaz
de sentarla un día de estos a la mesa para que le haga compañía.
- Haga que le pongan a esa perra una inyección Doña María.
- Es que no tengo dinero, mija- me contestó.
- No me diga usted eso Doña María que su poquito dinero se lo malgasta
en la estúpida colectividad de la iglesia ¿Es que usted quiere ganarse
un premio por su colaboración? ¿Qué anuncien por los altoparlantes del
pueblo que Doña María viuda de Carrasco es la persona que mayor
aportación hace a la iglesia? ¿Por qué en su lugar no cura a su
perro? ¿No la quiere ver sanita, con ánimo para ladrar y tiempo para
vivir? ¿No es acaso su familiar más cercano, quien único en este mundo
le responde? ¿La tiene sometida a una vida de sufrimiento porque hay
que poner el dinero para la torta de la novena, para que los cerdos
feligreses engullan hasta el hartazgo y al menos por la torta vayan a
despedirse del muerto que se comió también todas la tortas que la
pobre Barcina…? ¡Y usted le sigue dando sopa! ¡Y el diácono gordo de
contento! Porque Doña María es una mujer responsable y cada domingo
tira al canastito su buen diezmo. ¡Vidrio tiraría yo Doña María, para
cuando vayan a contar la platita, zas! ¡Le están chupando la sangre y
usted le chupa la sangre a la Barcina!
Creo que le puso una inyección de mentira porque la perra está cada
vez más enferma, y cuando me dijo, ya desparacité a Padua, era otra de
sus patrañas. Mi pobre viejita la beata, a veces le place
desobedecer.
Cuando agarré el cuerpito de Padua para depositarlo en la sepultura y
lo presionaba con los dedos y llamaba por su nombre una y otra vez,
por si acaso de repente me oía, y al acomodarlo finalmente y tirarle
la primera palada de tierra, no me acordé de ella, sabía que su muerte
me pertenecía.
Bolivia, 2013
VII
No ha habido manera de desterrar las
ratas que corretean y entran por
los espacios descubiertos entre el techo de chapa y las paredes de
Doña María, a pesar de haber tapado con estuco todos los orificios.
Sucede que las ratas poseen el don de la planicie así como los pájaros
vuelan. No hay intersticios ni rejas imposibles de transformar en una
puerta abierta. Claman al unísono por la virtud de la presencia y el
ataque, ostentan del mismo modo el arma de la fuga. Así que estamos
todas aquí féminas y supervivientes. Pero siempre hay qué comer. Si
no tenemos dinero nos fían yuca o papa en la venta. Como es época nos
la pasamos chupando naranjas, limones, tomando te de ruda o de cedro,
cenando papaya de los árboles que crecen en el jardín. Los árboles
son serenos y pacientes, otras plantas pierden la paciencia con más
facilidad; les hace falta huesos de madera y manos que puedan agarrar
y pegar. Entre ellas Doña María es la más resquebrajada que tiene las
hojas. Todas se quedan quietitas exhibiéndolas y María las muestra de
aquí para allá. Las que no se ven ella las muestra también. Cómo me
enferma Doña María con su enfermedad. Yo la quiero clavada de
rodillas ante su Dios y sus santos. La quiero ofrendando sacrificios
y devotamente orando. La quiero de casa en casa desgastando la suela
de sus últimos zapatos. La quiero en un atril en medio de la plaza
soportando el sol o el frío. Hoy despierta y vuelve a atormentarme
con sus quejas, dice que nunca estuvo tan enferma y sé que he venido a
enfermarla yo exigiéndole que cumpla su voluntad con Dios, que de
muerte a la vida de todos los días que tiene entre ceja y ceja. He
venido a enfermarla con mi creciente juventud que da tantos frutos
diarios como nuestros naranjos. Ya se dio cuenta que no ha sido para
acompañarla que Dios me trajo hasta aquí ni para secarle lágrimas.
Estoy cargada de ideas violentas que conmocionan nuestras mañanas. He
venido a golpearla como nadie nunca lo ha hecho.
los espacios descubiertos entre el techo de chapa y las paredes de
Doña María, a pesar de haber tapado con estuco todos los orificios.
Sucede que las ratas poseen el don de la planicie así como los pájaros
vuelan. No hay intersticios ni rejas imposibles de transformar en una
puerta abierta. Claman al unísono por la virtud de la presencia y el
ataque, ostentan del mismo modo el arma de la fuga. Así que estamos
todas aquí féminas y supervivientes. Pero siempre hay qué comer. Si
no tenemos dinero nos fían yuca o papa en la venta. Como es época nos
la pasamos chupando naranjas, limones, tomando te de ruda o de cedro,
cenando papaya de los árboles que crecen en el jardín. Los árboles
son serenos y pacientes, otras plantas pierden la paciencia con más
facilidad; les hace falta huesos de madera y manos que puedan agarrar
y pegar. Entre ellas Doña María es la más resquebrajada que tiene las
hojas. Todas se quedan quietitas exhibiéndolas y María las muestra de
aquí para allá. Las que no se ven ella las muestra también. Cómo me
enferma Doña María con su enfermedad. Yo la quiero clavada de
rodillas ante su Dios y sus santos. La quiero ofrendando sacrificios
y devotamente orando. La quiero de casa en casa desgastando la suela
de sus últimos zapatos. La quiero en un atril en medio de la plaza
soportando el sol o el frío. Hoy despierta y vuelve a atormentarme
con sus quejas, dice que nunca estuvo tan enferma y sé que he venido a
enfermarla yo exigiéndole que cumpla su voluntad con Dios, que de
muerte a la vida de todos los días que tiene entre ceja y ceja. He
venido a enfermarla con mi creciente juventud que da tantos frutos
diarios como nuestros naranjos. Ya se dio cuenta que no ha sido para
acompañarla que Dios me trajo hasta aquí ni para secarle lágrimas.
Estoy cargada de ideas violentas que conmocionan nuestras mañanas. He
venido a golpearla como nadie nunca lo ha hecho.
VI
Esta tarde vino a la casa el Doctor Omar. Doña María lo conoce desde
que era niño; es el hijo de Doña Irma, la dueña de la casa que todavía
hoy va a limpiar. El Doctor Omar quería cincuenta de nuestras naranjas. Yo estaba
recién bañada, fresca, y me había puesto unos pantalones cortos porque
hacía calor, el pelo se me había secado con el viento y le quedaron
unos bucles preciosos. Fui a ayudarlos a cosechar y como en ese árbol
las naranjas están altísimas, me trepé por los troncos con el gancho
en la mano y desde allá arriba las dejaba caer. Sabía que el Doctor
Omar me miraba las piernas y que yo las lucía de ese modo sólo porque
era el Doctor Omar; el mismo que deja esperando horas en su oficina de
médico a Doña María. Esta tarde estaba juguetón y ella juguetona. Se
reía de cada cosa que decía el Doctor y él decía cosas como que las
naranjas eran sosas y que esos ganchos eran de viejita. El Doctor me
preguntó mi nombre y lo repitió como exprimiéndole el jugo. Yo me
bajaba del árbol con la sostenida conciencia de que él era el Doctor
Omar, que había llegado en ese auto y visitado muchas ciudades.
Cuando le preguntó a Doña María cuánto le debía por las naranjas ella
le dijo que nada, Doctor. ¡A nosotras todo se nos rompe y María
regalando gallinas y naranjas! Yo que sólo pensaba en todo lo que nos
debía no solamente por las naranjas. Pero lo dejamos ir. Antes se
acercó a mí y nombrándome me extendió su mano con una tarjeta que
tenía impreso sus números de teléfono y dijo que llame para lo que
necesite. Debajo del nombre decía: cardiólogo; y mi corazón él no lo
puede curar. Pero guardé bien la tarjeta que su mano nunca extendió
a Doña María.
Esta tarde vino a la casa el Doctor Omar. Doña María lo conoce desde
que era niño; es el hijo de Doña Irma, la dueña de la casa que todavía
hoy va a limpiar. El Doctor Omar quería cincuenta de nuestras naranjas. Yo estaba
recién bañada, fresca, y me había puesto unos pantalones cortos porque
hacía calor, el pelo se me había secado con el viento y le quedaron
unos bucles preciosos. Fui a ayudarlos a cosechar y como en ese árbol
las naranjas están altísimas, me trepé por los troncos con el gancho
en la mano y desde allá arriba las dejaba caer. Sabía que el Doctor
Omar me miraba las piernas y que yo las lucía de ese modo sólo porque
era el Doctor Omar; el mismo que deja esperando horas en su oficina de
médico a Doña María. Esta tarde estaba juguetón y ella juguetona. Se
reía de cada cosa que decía el Doctor y él decía cosas como que las
naranjas eran sosas y que esos ganchos eran de viejita. El Doctor me
preguntó mi nombre y lo repitió como exprimiéndole el jugo. Yo me
bajaba del árbol con la sostenida conciencia de que él era el Doctor
Omar, que había llegado en ese auto y visitado muchas ciudades.
Cuando le preguntó a Doña María cuánto le debía por las naranjas ella
le dijo que nada, Doctor. ¡A nosotras todo se nos rompe y María
regalando gallinas y naranjas! Yo que sólo pensaba en todo lo que nos
debía no solamente por las naranjas. Pero lo dejamos ir. Antes se
acercó a mí y nombrándome me extendió su mano con una tarjeta que
tenía impreso sus números de teléfono y dijo que llame para lo que
necesite. Debajo del nombre decía: cardiólogo; y mi corazón él no lo
puede curar. Pero guardé bien la tarjeta que su mano nunca extendió
a Doña María.
V
Sentí unos pasos que avanzaban hacia mí, era de noche y yo iba
caminando por una calle del pueblo mirando la luna. Los pasos se
apresuraban y de golpe, se detenían; volvían a apresurarse y volvían a
detenerse. Pensé que debía ser Doña María que también había salido de
la casa para asistir a una reunión del Divino Niño. La vejez le
habría hecho detenerse para tomar aire y descansar. Pero cuando me
volteé a mirar, intrigada ya por saber si era ella, vi la joven
silueta de Scarlett. La esperé y nos unimos en el camino. Ella se
quedó en silencio y yo también. Me había visto leyendo en la plaza.
Patrullaban por el pueblo niños vestidos de policía. Me contó que
habían pandillas que entraban a las casa a robar y que de la escuela se
habían llevado todas las computadoras. A esos niños los estaban
entrenando para asirlos a la fuerza. Ella me preguntó si yo no tenía
miedo de andar sola y le dije que últimamente me asustaban los perros
salvajes en las calles oscuras. Además, le conté del episodio que más
pavor me había generado durante mi estadía en el pueblo. Yo estaba
sentada, leyendo un libro de poesía a la vera de un camino y una
motocicleta frenó frente a mí. Había un gordo policía sobre ella que
me preguntaba de dónde venía, a dónde iba, y al mismo tiempo me
invitaba a salir. Yo evadía el cuestionario diciéndole que estaba muy
bien en compañía de Whitman. Pero de igual modo me sentí presionada a
pararme y seguir otro camino. Scarlett puso una cara como esperando
que contara qué fue lo me ocasionó pavor.
Ya estábamos en la esquina de la casa de Doña María y la invité a que
pasara porque tenía dos blusas que le quería regalar. Ella entró al
cuartito y se quedó mirando los libros y papeles, pero sentada y con
ambas manos metidas entre las rodillas. Empecé a rebuscar en la
mochila hasta que encontré las blusas. Eran del estilo que a ella le
gusta, bien escotadsa y modernas. Cuando las tuvo en sus manos las
miró con indiferencia y las dejó caer en su regazo. Yo seguía de pie
y Scarlett sentada. Fue como si ella hubiera estado ese rato tomando
aire y descansado para volver a correr. Me miró de arriba abajo como
siempre hace, como hace su mamá, y su hermanita.
- Mis amigas dicen que tú eres como una hippie- dijo
-¿Y eso es malo?- le pregunté
- Es horrible
Cuando dijo es horrible su ceño se frunció, el rictus de su boca
cambió, había alzado el brazo como si me apuntara con un arma.
- No te sabes vestir- agregó con un tono de voz que rayaba el grito-
No te peinas…Mis amigas dicen que caminas así…A ver, ¿qué más sabes
hacer que estar viajando por ahí?…¿Cómo vas a ganar dinero?…¿Es que no
has aprendido nada en los lugares donde has estado?
Scarlett estaba verdaderamente furiosa; yo le dije que saliéramos, que
quería caminar un poco más. Ella me esperaba en la calle cuando yo
cerraba la casa de Doña María y como vi que su cuerpo se inclinaba
hacia la derecha, di mis pasos hacia la izquierda.
-¡Vamos por acá!- me instigó
No contesté nada, pero hice un gesto con la mano, despidiéndome.
Sentí unos pasos que avanzaban hacia mí, era de noche y yo iba
caminando por una calle del pueblo mirando la luna. Los pasos se
apresuraban y de golpe, se detenían; volvían a apresurarse y volvían a
detenerse. Pensé que debía ser Doña María que también había salido de
la casa para asistir a una reunión del Divino Niño. La vejez le
habría hecho detenerse para tomar aire y descansar. Pero cuando me
volteé a mirar, intrigada ya por saber si era ella, vi la joven
silueta de Scarlett. La esperé y nos unimos en el camino. Ella se
quedó en silencio y yo también. Me había visto leyendo en la plaza.
Patrullaban por el pueblo niños vestidos de policía. Me contó que
habían pandillas que entraban a las casa a robar y que de la escuela se
habían llevado todas las computadoras. A esos niños los estaban
entrenando para asirlos a la fuerza. Ella me preguntó si yo no tenía
miedo de andar sola y le dije que últimamente me asustaban los perros
salvajes en las calles oscuras. Además, le conté del episodio que más
pavor me había generado durante mi estadía en el pueblo. Yo estaba
sentada, leyendo un libro de poesía a la vera de un camino y una
motocicleta frenó frente a mí. Había un gordo policía sobre ella que
me preguntaba de dónde venía, a dónde iba, y al mismo tiempo me
invitaba a salir. Yo evadía el cuestionario diciéndole que estaba muy
bien en compañía de Whitman. Pero de igual modo me sentí presionada a
pararme y seguir otro camino. Scarlett puso una cara como esperando
que contara qué fue lo me ocasionó pavor.
Ya estábamos en la esquina de la casa de Doña María y la invité a que
pasara porque tenía dos blusas que le quería regalar. Ella entró al
cuartito y se quedó mirando los libros y papeles, pero sentada y con
ambas manos metidas entre las rodillas. Empecé a rebuscar en la
mochila hasta que encontré las blusas. Eran del estilo que a ella le
gusta, bien escotadsa y modernas. Cuando las tuvo en sus manos las
miró con indiferencia y las dejó caer en su regazo. Yo seguía de pie
y Scarlett sentada. Fue como si ella hubiera estado ese rato tomando
aire y descansado para volver a correr. Me miró de arriba abajo como
siempre hace, como hace su mamá, y su hermanita.
- Mis amigas dicen que tú eres como una hippie- dijo
-¿Y eso es malo?- le pregunté
- Es horrible
Cuando dijo es horrible su ceño se frunció, el rictus de su boca
cambió, había alzado el brazo como si me apuntara con un arma.
- No te sabes vestir- agregó con un tono de voz que rayaba el grito-
No te peinas…Mis amigas dicen que caminas así…A ver, ¿qué más sabes
hacer que estar viajando por ahí?…¿Cómo vas a ganar dinero?…¿Es que no
has aprendido nada en los lugares donde has estado?
Scarlett estaba verdaderamente furiosa; yo le dije que saliéramos, que
quería caminar un poco más. Ella me esperaba en la calle cuando yo
cerraba la casa de Doña María y como vi que su cuerpo se inclinaba
hacia la derecha, di mis pasos hacia la izquierda.
-¡Vamos por acá!- me instigó
No contesté nada, pero hice un gesto con la mano, despidiéndome.
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