Las explicaciones
no satisfacen mi consciencia. Cuando
cierro los ojos las explicaciones ordinarias se pierden y mueren por
incapacidad de supervivencia. Las
explicaciones no se adaptan a la geografía del ensueño. Es una palabra hacia la cual no siento simpatía;
me da igual lo que suceda con ella, ni cuánto quiera seguir engordando de orgullo.
Cuando cierro los ojos, otros principios gobiernan mi existencia; los seres que
conozco vuelan, el aire torna sus mentes más livianas y hay hilos de colores
que nos conectan para siempre. Nadie
olvida, y nadie desea. Nadie ni nada
muere. La lógica es el agua. El amor el fuego. La inteligencia es Dios. Cuando cierro los
ojos y viajo hacia esos otros mundos que tienen lugar en el fundamento de éste,
las historias reales poseen otras causas y otras consecuencias; lo vivido en
carne propia es un trozo muy pequeño de lo vivido en realidad. Hay una sustancia en la memoria que se puede
beber, si la sed es definitiva. Recibo
explicaciones extraordinarias, en mensajes claros sobre sentidos yuxtapuestos
que hacen su propia vida como en un juego de luces y sombras, de escenarios,
gentes y pasiones sobrenaturales. Puedo
verlo todo a la vez, sentirlo todo a la vez, y creer en todo.
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