Por qué no
vivimos en esa casa? Habría tenido que buscarte por todas las habitaciones, en
el jardín, dentro del molino. No me esperaste para llegar a caballo a la casa y
por eso no la vivimos. Te acuerdas de
mí? Sigo sentada en la entrada, a una gran distancia de la entrada. Tú estás en la cocina llorándome y comiendo
de nuestro pan? Recuerda que lo hice para ti.
No me dejaste vivir y nos fuimos.
Te encerraste y me encerraste.
Ahora la casa tiene más habitaciones, una más sucia que la otra, cada
cual infranqueable, las hay sin piso, sin paredes.
Cómo íbamos a levantar esos escombros? Cómo hubiera sido posible que tú
y yo solamente? La casa necesitaba demasiada atención y cuidado antes de osar
entrar en ella. A ti tal vez ni te
importaba. Habrías inventado maneras para vivir. Porque tú tenías algo que yo
no. Tú podías estar en la casa y yo no. Y
a mí de todos modos me encantaba, la extrañaba sin vivirla, la sentía dentro de
la piel, me pertenecía como si la hubiéramos parido con amor, sin conocerla,
imaginando cómo sería, el rostro que tendría, con qué intensidad nos miraría de
vuelta. Hoy creo que creció. Tal vez ya no está tan linda hecha pedazos de
otra dimensión. Te revisitaría en el
pozo siempre que estuvieras presente. El
pozo estaba en el centro. Seguirá
estando ahí o me perderé mil vez antes de llegar? El molino tarda tanto en abastecerse. Tú tardas tanto en irte. Yo me tardo, porque vivir ahí es tan despacio,
porque siento con mucha lentitud y cada día el viento trae algo distinto y todo
se mueve. Quiero invitarte a pasar, no
hay luz, nunca hubo luz, vamos a tomarnos las manos.
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