V
Sentí unos pasos que
avanzaban hacia mí, era de noche y yo iba
caminando por una
calle del pueblo mirando la luna. Los pasos se
apresuraban y de
golpe, se detenían; volvían a apresurarse y volvían a
detenerse.
Pensé que debía ser Doña María que también había salido de
la casa para
asistir a una reunión del Divino Niño. La vejez le
habría hecho
detenerse para tomar aire y descansar. Pero cuando me
volteé a mirar,
intrigada ya por saber si era ella, vi la joven
silueta de
Scarlett. La esperé y nos unimos en el camino. Ella se
quedó en silencio
y yo también. Me había visto leyendo en la plaza.
Patrullaban por
el pueblo niños vestidos de policía. Me contó que
habían pandillas
que entraban a las casa a robar y que de la escuela se
habían llevado
todas las computadoras. A esos niños los estaban
entrenando para
asirlos a la fuerza. Ella me preguntó si yo no tenía
miedo de andar
sola y le dije que últimamente me asustaban los perros
salvajes en las
calles oscuras. Además, le conté del episodio que más
pavor me había
generado durante mi estadía en el pueblo. Yo estaba
sentada, leyendo
un libro de poesía a la vera de un camino y una
motocicleta frenó
frente a mí. Había un gordo policía sobre ella que
me preguntaba de
dónde venía, a dónde iba, y al mismo tiempo me
invitaba a salir.
Yo evadía el cuestionario diciéndole que estaba muy
bien en compañía
de Whitman. Pero de igual modo me sentí presionada a
pararme y seguir
otro camino. Scarlett puso una cara como esperando
que contara qué
fue lo me ocasionó pavor.
Ya estábamos en
la esquina de la casa de Doña María y la invité a que
pasara porque
tenía dos blusas que le quería regalar. Ella entró al
cuartito y se
quedó mirando los libros y papeles, pero sentada y con
ambas manos
metidas entre las rodillas. Empecé a rebuscar en la
mochila hasta que
encontré las blusas. Eran del estilo que a ella le
gusta, bien
escotadsa y modernas. Cuando las tuvo en sus manos las
miró con
indiferencia y las dejó caer en su regazo. Yo seguía de pie
y Scarlett
sentada. Fue como si ella hubiera estado ese rato tomando
aire y descansado
para volver a correr. Me miró de arriba abajo como
siempre hace, como
hace su mamá, y su hermanita.
- Mis amigas
dicen que tú eres como una hippie- dijo
-¿Y eso es malo?-
le pregunté
- Es horrible
Cuando dijo es
horrible su ceño se frunció, el rictus de su boca
cambió, había
alzado el brazo como si me apuntara con un arma.
- No te sabes
vestir- agregó con un tono de voz que rayaba el grito-
No te peinas…Mis
amigas dicen que caminas así…A ver, ¿qué más sabes
hacer que estar
viajando por ahí?…¿Cómo vas a ganar dinero?…¿Es que no
has aprendido
nada en los lugares donde has estado?
Scarlett estaba
verdaderamente furiosa; yo le dije que saliéramos, que
quería caminar un
poco más. Ella me esperaba en la calle cuando yo
cerraba la casa
de Doña María y como vi que su cuerpo se inclinaba
hacia la derecha,
di mis pasos hacia la izquierda.
-¡Vamos por acá!-
me instigó
No contesté nada,
pero hice un gesto con la mano, despidiéndome.
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