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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Wednesday, June 25, 2014

V

Sentí unos pasos que avanzaban hacia mí, era de noche y yo iba
caminando por una calle del pueblo mirando la luna.  Los pasos se
apresuraban y de golpe, se detenían; volvían a apresurarse y volvían a
detenerse.  Pensé que debía ser Doña María que también había salido de
la casa para asistir a una reunión del Divino Niño.  La vejez le
habría hecho detenerse para tomar aire y descansar.  Pero cuando me
volteé a mirar, intrigada ya por saber si era ella, vi la joven
silueta de Scarlett. La esperé y nos unimos en el camino.  Ella se
quedó en silencio y yo también.  Me había visto leyendo en la plaza.
Patrullaban por el pueblo niños vestidos de policía.  Me contó que
habían pandillas que entraban a las casa a robar y que de la escuela se
habían llevado todas las computadoras.  A esos niños los estaban
entrenando para asirlos a la fuerza.  Ella me preguntó si yo no tenía
miedo de andar sola y le dije que últimamente me asustaban los perros
salvajes en las calles oscuras.  Además, le conté del episodio que más
pavor me había generado durante mi estadía en el pueblo.  Yo estaba
sentada, leyendo un libro de poesía a la vera de un camino y una
motocicleta frenó frente a mí.  Había un gordo policía sobre ella que
me preguntaba de dónde venía, a dónde iba, y al mismo tiempo me
invitaba a salir.  Yo evadía el cuestionario diciéndole que estaba muy
bien en compañía de Whitman.  Pero de igual modo me sentí presionada a
pararme y seguir otro camino.  Scarlett puso una cara como esperando
que contara qué fue lo me ocasionó pavor.
Ya estábamos en la esquina de la casa de Doña María y la invité a que
pasara porque tenía dos blusas que le quería regalar.  Ella entró al
cuartito y se quedó mirando los libros y papeles, pero sentada y con
ambas manos metidas entre las rodillas.  Empecé a rebuscar en la
mochila hasta que encontré las blusas.  Eran del estilo que a ella le
gusta, bien escotadsa y modernas.  Cuando las tuvo en sus manos las
miró con indiferencia y las dejó caer en su regazo.  Yo seguía de pie
y Scarlett sentada.  Fue como si ella hubiera estado ese rato  tomando
aire y descansado  para volver a correr.  Me miró de arriba abajo como
siempre hace, como hace su mamá, y su hermanita.

- Mis amigas dicen que tú eres como una hippie- dijo
-¿Y eso es malo?- le pregunté
- Es horrible

Cuando dijo es horrible su ceño se frunció, el rictus de su boca
cambió, había alzado el brazo como si me apuntara con un arma.

- No te sabes vestir- agregó con un tono de voz que rayaba el grito-
No te peinas…Mis amigas dicen que caminas así…A ver, ¿qué más sabes
hacer que estar viajando por ahí?…¿Cómo vas a ganar dinero?…¿Es que no
has aprendido nada en los lugares donde has estado?

Scarlett estaba verdaderamente furiosa; yo le dije que saliéramos, que
quería caminar un poco más.  Ella me esperaba en la calle cuando yo
cerraba la casa de Doña María y como vi que su cuerpo se inclinaba
hacia la derecha, di mis pasos hacia la izquierda.

-¡Vamos por acá!- me instigó

No contesté nada, pero hice un gesto con la mano, despidiéndome.



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