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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Friday, June 27, 2014

Migajas

MIGAJAS

I
El cuartito estaba en una calle del barrio obrero de la ciudad.  Abrí la puerta: cuatro paredes, muy cercas unas de las otras.  El lugar para esconderme durante el sueño.  Voy bajando los cinco escalones con la lengua por fuera, de prisa.  Las piernas recientemente dieron un último estirón.  Me arranqué el pelo de la cabeza mirándome al espejo.  Es temprano; me suda la sangre.  Voy a donde quiero ir en un estrecho recorrido.  Leo líneas en los árboles y en las páginas.  En resumen, no entiendo.  Hasta el viento me muerde, me desgarra la piel.  Me lleva de esta manera a los encuentros.  Para qué, no discuto.  Estoy sentada y callada: llegué.  Recibo una humillación: la primera.  No les gusta mi cabeza, las piernas sí.  Hablan fuerte entre hombres.  Yo miro la luz del sol que entró tímida por el marco de la puerta y está tirada en el piso.  La miro sentada sobre un cajón.  Recibo una segunda humillación.  La música suena mal, pero me gusta el ruido.  El ruido me es familiar, me contiene, me conoce.  La voz no me escucha, mi voz no escucha.  Oigo solamente las pisadas.  Una momia puede ser feliz.  Conservo descubiertas las pupilas.  La destrucción completa me sobrevive.  Alargo la vista, extiendo mis ojos. Hacen lo que hacen con la mirada.  Bajan los hombros con la mirada.  Se vuelcan a la vida.  Arremeten contra la vida.  Se pudren solos.  Cargo con estos pobres ojos.  El ruido les flagela, pero no lo ven todavía.

II

Los periódicos estaban puestos sobre el mostrador.  Yo miraba mi reflejo a través de la puerta de cristal de la heladera.  No veía a más nadie que a mí.  Me habían dejado sola.  Tuve que vagar para encontrar una heladera donde introducirme y conservarme.  Tenía intacto el sentimiento de estarme congelando.  Era una penumbra diferente a la soledad del bosque.  El estrépito tenía la virtud de ser comunicable.  Yo hubiera querido ser la camarada pero fui tan solo un estrépito versificado, mi propio estrépito.  Si alguien escupía, mis ojos atrapaban esa espesura. Intentaba reacomodarme con el aire salivoso envolviéndome.  También, de algún modo, era fuente de calor lo que veía.  Cuando la luz se desmoronaba por completo ellos se iban sigilosamente por las calles sin querer hacerse notar.  En nada cambiaba que anduvieran despacio o de prisa.  El asombro se los había comido y no tenían más hambre ni de un lado ni del otro ni con un significado en particular.

III

Mi nariz olía la hora en que el Camarada estaba por llegar.  Cansado de haber vuelto de un día pesado en la obra de construcción se sentaba en un cajón, a mi lado.  Sus pupilas volvían a expandirse como si fueran las de un niño y no de un viejo que sufría una mortal enfermedad.  Huesudo, largo y casi siempre agonizante.  Teníamos cosas que hablar mientras la sangre se revolcara.  Nos decíamos bajito las conversaciones; formábamos un techo con nuestras dos cabezas.  Era congruente el ritmo de una y otra respiración.  Yo quería pasar todas las tardes así. Pero cuando el Camarada enmudecía se cerraban todas las puertas.  Yo insistía al ver que se estaba enamorando de mí.  Me apuntaba con un fusil entre las cejas, porque estando él y yo solos podía hacer conmigo lo que quería.  Pero se extenuaban sus fuerzas al sostener cualquier arma, aún si esa arma hubiera podido, verdaderamente, derrumbar el edificio que nos veía dormir. 

IV

Subo los escalones mordiendo un pedazo de pan.  La luz se está apagando; relampaguea adentro del cuartito.  Caen rayos.  Me siento al borde de la cama y no miro por las ventanas.  Las cierro.  Tranco con mis ojos la puerta.  Termino el pan.  Lleno de migajas todo el piso.  Me inclino a lamerlas hasta que ya no queda ni una.  Durante horas, hasta el amanecer estoy lamiendo migajas de pan en el piso.  Me duele el estómago.  Me estalla la cabeza.  No quiero que amanezca otra vez.  Intento alcanzar un libro con mi mano pero mi mano no me responde y el libro no me responde.  Nada sube hasta aquí aunque el camino sea corto.  Me preparo para estar de pie y trabajar en poco tiempo.  Hay que lograr pequeñas cosas cada día.  Hablar como si nada.  Mirar como si nada.  Trabajar.  Si no tengo una mano, si no tengo dos manos, si no tengo manos.  Clavo mis rodillas en el suelo.  La puerta se abre sola.  Nadie busca llegar hasta aquí.


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