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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Wednesday, June 25, 2014

Hechos de pedazos

I

Su nombre era Simona, y murió tirada en una zanja como un perro, murió muerta de frío, borracha y extenuada de tanto caminar.  La recuerdo con una claridad, con una fijación que desmerece la calidad de recuerdo que me he formado sobre otras personas, queridas, besadas, tocadas.  Simona es solamente un personaje del cine francés.  Ayer, en un momento cuando caminaba, giré la mirada hacia un costado y en mi reflejo a través de los cristales, la vi a ella.  A mi me abrigaban capas sobre capas; amarillo, verde, anaranjado, violeta; muchos colores como los de las frutas de Bolivia; donde ando.  Yo vestía una pollera, medias largas y zapatos.  Ella tenía jeans, una americana negra, la piel blanca, pálida.  Mi paso era lento, la pisada suave.  El suyo era un paso brusco, desposeído.  Nuestro cielo era igual de gris, la misma soledad.
Sus ojos duros quedan abiertos sin pestañar.  Tenemos la misma edad.  Una juventud que ya se ha escapado.  Sus palabras no dicen nada.  Simona no sabe responder.  Anterior a la respuesta, ella no sabe.  Hay una mujer que se ha subido la mochila al hombro y empezado a andar.  Camina sin recuerdos y sin anhelos.  Ese es el rostro.  No hay una ocupación del pensamiento.  No hay un lugar donde querer llegar, ni aún, imaginándolo.  El estímulo rechaza el nervio.  No hay sonrisa.  Hay que divagar primero antes de encontrarla en lo acontecido.  ¿De qué modo estuvo entre nosotros? ¿Qué nos provocó? ¿Cómo la interpelamos? Y con qué gusto.  Qué parte constituye Simona de nuestras hazañas, de nuestro asco.  Por qué se cruzan dos en el camino.  Cómo llega a ser símbolo lo que parece solo una imagen.
Hay una operación a la inversa que la conduce a la acción, la moviliza.  No hay nada que Simona quiera ver, o hacer, o decir.  Sin embargo, quiere decir más de lo que puede, hacer lo imposible, verlo todo.  Es la voluntad el valor que en más alto grado la sostiene.
Hay en Simona un acto de desaparición evolutivo.  Un olvidarse de sí misma como un acto supremo del recuerdo de sí.  Buscar ser es desapegarse de la intencionalidad como motivo, del propósito como argumento.  Simona rebota, en cuanto al movimiento, contra los márgenes más allá de los cuales se aleja desde su marginalidad.  Va a parar al fondo de la intrascendencia por medio de una dilatada precariedad.  Todo en ella corre hacia otro lugar donde no existe la existencia.  Y se va quedando así, Simona, aunque casi sin nombre, sin ni siquiera el nombre para abrigarla o contenerla.  Es su voluntad sobre la vida y sobre la muerte lo que confiere una identidad.  Esta tensión se vuelve soberana del carácter, deshace el tránsito promisorio, congela la raíz del esfuerzo, vulnera con sus garras el desierto de la medición.  De modo que se va volviendo perro, de aullido extravagante pero sin voz.  Vagó, desde el dedo más pequeño hasta la ínfima noción desconocida.  Mordió indulgentemente hasta destrozarlo, el cuerpo prosaico del alma.
Ella me mira a través del cristal y descuartiza mi percepción de mí misma, hace pedazos mi visión del cosmos; se burla de mi sonrisa, se ríe de mi esperanza.
2013

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