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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Wednesday, June 25, 2014

VIII

Nunca me preguntó dónde enterré al perrito.  Le habíamos nombrado
Padua por San Antonio.  Ese era el día del santo y por ser franciscano
simpaticé con él.  Luego Doña María me contó que San Antonio de Padua
le da marido a quien no tiene, y le dije a la doñita que intentáramos,
pero ella dijo que ya a estas alturas, y yo después recapacité.  El
perrito lo había traído hacía unas semanas, se lo regaló una paisana
amiga, y cuando lo vi carcomido por las pulgas, lleno de calvas todo
su cuerpito, y aquellas todavía linchándolo multitudinariamente, me
dieron ganas de tirarle a Doña María con el televisor, y que terminara
esa doble existencia al unísono.  Con la Barcina inmunda de sarna, con
la casa llena de ratas, con los gatos mugrientos y las tarántulas, con
el gallinero demandándonos maíz a cada rato, no necesitábamos otro
perro enfermo.
- Pero se va a morir- dijo Doña María- a mi todos los perros se me mueren.
- ¿Y por qué diantres lo recoge Doña María?- le pregunté.
- Vamos a ver qué pasa- dijo
Agarré al perrito por el pescuezo, lo metí debajo del grifo del patio,
lo rocié con detergente y lo restregué y exprimí como si fuera un
trapo.  Le dije a Doña María que se hiciera cargo.  Le di la orden de
no dejarlo morir, y de curar de una vez a la perra sarnosa  que entra
a la casa como si nada y si no es porque yo estoy ahí María es capaz
de sentarla un día de estos a la mesa para que le haga compañía.
- Haga que le pongan a esa perra una inyección Doña María.
- Es que no tengo dinero, mija- me contestó.
- No me diga usted eso Doña María que su poquito dinero se lo malgasta
en la estúpida colectividad de la iglesia ¿Es que usted quiere ganarse
un premio por su colaboración? ¿Qué anuncien por los altoparlantes del
pueblo que Doña María viuda de Carrasco es la persona que mayor
aportación hace a la iglesia?  ¿Por qué en su lugar no cura a su
perro? ¿No la quiere ver sanita, con ánimo para ladrar y tiempo para
vivir? ¿No es acaso su familiar más cercano, quien único en este mundo
le responde? ¿La tiene sometida a una vida de sufrimiento porque hay
que poner el dinero para la torta de la novena, para que los cerdos
feligreses engullan hasta el hartazgo y al menos por la torta vayan a
despedirse del muerto que se comió también todas la tortas que la
pobre Barcina…? ¡Y usted le sigue dando sopa! ¡Y el diácono gordo de
contento! Porque Doña María es una mujer responsable y cada domingo
tira al canastito su buen diezmo. ¡Vidrio tiraría yo Doña María, para
cuando vayan a contar la platita, zas! ¡Le están chupando la sangre y
usted le chupa la sangre a la Barcina!

Creo que le puso una inyección de mentira porque la perra está cada
vez más enferma, y cuando me dijo, ya desparacité a Padua, era otra de
sus patrañas.  Mi pobre viejita la beata, a veces le place
desobedecer.

Cuando agarré el cuerpito de Padua para depositarlo en la sepultura y
lo presionaba con los dedos y llamaba por su nombre una y otra vez,
por si acaso de repente me oía, y al acomodarlo finalmente y tirarle
la primera palada de tierra, no me acordé de ella, sabía que su muerte
me pertenecía.

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