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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Wednesday, June 25, 2014

VI

Esta tarde vino a la casa el Doctor Omar.  Doña María lo conoce desde
que era niño; es el hijo de Doña Irma, la dueña de la casa que todavía
hoy va a limpiar.  El Doctor Omar quería cincuenta de nuestras naranjas.  Yo estaba
recién bañada, fresca, y me había puesto unos pantalones cortos porque
hacía calor, el pelo se me había secado con el viento y le quedaron
unos bucles preciosos.  Fui a ayudarlos a cosechar y como en ese árbol
las naranjas están altísimas, me trepé por los troncos con el gancho
en la mano y desde allá arriba las dejaba caer.  Sabía que el Doctor
Omar me miraba las piernas y que yo las lucía de ese modo sólo porque
era el Doctor Omar; el mismo que deja esperando horas en su oficina de
médico a Doña María.  Esta tarde estaba juguetón y ella juguetona.  Se
reía de cada cosa que decía el Doctor y él decía cosas como que las
naranjas eran sosas y que esos ganchos eran de viejita.  El Doctor me
preguntó mi nombre y lo repitió como exprimiéndole el jugo.  Yo me
bajaba del árbol con la sostenida conciencia de que él era el Doctor
Omar, que había llegado en ese auto y visitado muchas ciudades.
Cuando le preguntó a Doña María cuánto le debía por las naranjas ella
le dijo que nada, Doctor. ¡A nosotras todo se nos rompe y María
regalando gallinas y naranjas!  Yo que sólo pensaba en todo lo que nos
debía no solamente por las naranjas.  Pero lo dejamos ir.  Antes se
acercó a mí y nombrándome me extendió su mano con una tarjeta que
tenía impreso sus números de teléfono y dijo que llame para lo que
necesite.  Debajo del nombre decía: cardiólogo; y mi corazón él no lo
puede curar.  Pero guardé bien la tarjeta  que su mano nunca extendió
a Doña María.

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