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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Monday, June 23, 2014

No me perdono lo que hice con las plantas de maíz.  Ya habían crecido mucho.  Estaban tan altas que parecían palmeras en proporción a las dimensiones del jardín.  Ellas presumían el gesto más elevado de la belleza interior.  Se erguían en el centro de mi íntimo paisaje.  Puro y Lua jugaban ahí  dentro cual si fuera un bosque originario  Las luces del día las vigorizaban y distinguían.  Ante el viento eran férreas; en la noche no dormían. Pero no daban fruto, y nunca iría a brotar de ellas ningún pequeño maíz que uno pudiera ver crecer para nutrirse luego.  Consideré que su crecimiento no tenía sentido.  La belleza me ciega; desproporciona las cualidades del alimento dentro mí.  Me envicia sin poder integrarme a la sustancia.  Las arranqué una por una de raíz.  Tanta belleza me asfixia. Las junte contra el cerco de la huerta, y cuando Puro llegó, en ese momento, y miro hacia arriba, y miró hacia abajo, y vió la tierra oscura expidiendo olor a muerto, y cuando encontró la fosa común, y fue hasta ahí desesperado, pisando restos de preguntas, presionándolas para levantarse, y volvía al lugar de la tierra, y regresaba al lugar de la muerte, supe que había cometido un crimen que ha de merecer un sacrificio a su altura. Yo que no he dado ningún fruto, no quisiera que me agarren y me jalen por los pies.

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