La hamaca es
ahora un barco que me deja. Hubiera
querido instalarme en esa tranquilidad.
Pero había manos que no terminaban de hacerla. Las mías decían adiós para no volver a mirar. Los sueños en la hamaca me habían advertido
una presencia que hacía dejar de mecerse.
Hasta que un día mis manos ayudaron a hacer el barco. Hasta que un día el barco estuvo hecho pero
no me quiso llevar. Los sueños en la
yerba me advirtieron que debía seguir haciendo barcos para que otros pudieran
llegar. En ese lugar donde yo estaba
ahora permanezco. No importa si pueda o
no llegar a ver algo descubierto o el principio de esta construcción. Hay para mí lo mismo que lleva el movimiento.
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