Lo vi en unas
escrituras. No dudé un momento. Supe que cambiaría el rumbo de mi mente y de
mi vida para siempre. El mar se abrió en
dos y caminé por ese atajo. Pareció un
camino fácil. Llegué a pie pero empapada
del agua que salpicaba a ambos extremos.
La conclusión tuvo una nota refrescante.
Verdaderamente refrescante. El
misterio, en lugar de apagarse, se avivó.
Pero era tan refrescante el misterio que aún quemándome no sentía el
dolor como dolor. No dije quiero volver
atrás. Ni dije intentaré interpretarlo
nuevamente. Dije llévame. Dije voy.
El mar de esta isla me separa del otro extremo y del otro extremo. Nací en una isla en medio del mar y del
mundo. El mar se abrió y agarré ese
atajo porque sabía que no habría uno igual; fue la única vez que lo vi
hacerlo. Vi de un lado el mundo y del
otro lado el extremo y del otro lado el otro extremo. El mundo estaba en medio del mar y el mar se
abrió y me metí por ese misterio para ver a dónde me llevaba. No hay nada que
interpretar si uno nace en una isla en medio del mar y del mundo o donde sea. Hay el extremo de lo que es y hay el extremo
de lo que no es y ambos coinciden en el lugar donde el misterio nace. Vi mi cuerpo ardiendo sin dolor y supe que
estaba escrito. El misterio hizo cenizas
la interpretación; desde siempre estuvo poseído de astucia y aparentó ser otra
cosa, y así me había dominado a mí hasta que me prendió en fuego. Experimenté
una sensación extremadamente refrescante mientras me quemaba. Parecía que el símbolo tomaba posesión del
símbolo del símbolo y que el viento soplaba como nunca.
que bello Velina !!!
ReplyDeletegracias quique, ojalá sere no deje de escribir. abrazos!
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