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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Monday, November 3, 2014

Palacio de la Paz

No sé si fue la primera vez, o luego de cuánto tiempo comencé a tener una experiencia real de transformación.  Hasta hace unos minutos no había encontrado la manera de describirme a mi misma la ruta hacia el pico más alto de los hallazgos, donde no he estado todavía, pero del cual reconozco su existencia.  De algún modo sabía que había estado en una cima y contemplado el llano desde ahí, en silencio, en soledad.  Pero no podía saber si visitaba a alguien, ni cómo me trataba, ni qué me enseñaba, ni si yo quería vivir ahí o si debía hacerlo, al menos por un período en el  cual, gradualmente, obtuviera el aprendizaje que había ido a buscar, sin saber qué era, pero sabiendo al menos que algo tenía que aprender y que no estaba entre las cosas que abundan y se esconden a mi alrededor.  Entre todas estas cosas no sé cuál elegir, si el sueño, la introspección, la música, o los botes de pesca.  Elijo no atentar contra las pérdidas.  Acomodo las cosas en sitios distantes para ver qué se puede hacer con eso hasta que ya no hay nada.  Como este instante se renueva, tengo que volver a empezar, pero siempre por un lugar distinto, entro por otra puerta, por la que no quieren dejarme entrar, entro.  Tiro sogas hacia cualquier punto que encuentre y me deslizo como los pájaros.  Cuando llego a un punto de castillo en ruinas dejo de pensar, y me preparo para que el pensamiento me sujete, y me lleve lejos, hacia el punto más diminuto de los que caen del árbol, me lo como y entro al Palacio de la Paz.  De allí me robo tantas cosas.  Cuando regreso, porque la paz dura poco tiempo, el entendimiento me visita, y siento que puedo abrazar el mundo y que no hay gesto humano más deformado que ese. 

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