4-06-2014
En esa clase de
la tarde sudé como nunca antes en mi vida; amé cada postura y percibí cada
movimiento. Como parte de este proceso en la práctica y con la ayuda de la teoría
y filosofía de la que me empiezo a empapar, empecé a sentir por primera vez la
actividad detonante y transformadora que ejerce cada postura sobre los músculos
profundos y órganos internos. Cada célula
estaba despierta y llena de una emoción radiante dentro de mí. Comienzo también a extraer el mayor grado de
voluntad del plexo solar; sobre todo,
porque desde el inconsciente a estado llamando mi atención. Mi concentración
en la práctica de grupo está mejorando. También
me estoy soltando mas. Los movimientos
empiezan a ser más fluidos y dotados de una gracia orgánica. La estética de la vitalidad me apasiona. Sé que
puedo llegar muy lejos y elevar mi espíritu si acepto el sacrificio. Pero si
continuo peleando, si sigo machacando con la palabra mis ideas, si postergo el propósito
verdadero, si me alejo de la sinceridad conmigo misma, si flaqueo en mi conducta,
si pierdo el sentido de la acción, si dejo que me coma y me confunda el mundo
exterior, con su tradición y sus valores, si me dejo agitar por la saturación de
sucesos, si pervierto el poder del amor, no voy a lograr liberar el alma de la prisión
de la mente.
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