14-06-2014
Regreso del fuego
y de la luna llena. Sentí el calor
abrasando mi cuerpo. No le temo al
fuego; amo el fuego y la leña, las llamas en la noche. Trato de encontrar, en estos días de retiro,
mayor intimidad con mi ser; trato de encontrar
algo que siento que he perdido en los últimos tiempos, y ahora que escribo creo
que tal vez esa sensación de pérdida no es ni siquiera algo de esta vida, y que
quién sabe si se trata del eslabón roto entre mi alma y cuerpos, tiempos y
espacios anteriores. Es como si me
acordara ahora que me he olvidado de mi verdadero ser, y que para encontrarlo
no puedo recurrir ya al conocimiento que
he adquirido por medio de la experiencia y la actividad de pensamiento. Ya lo que ha sido hasta hoy mi relación conmigo no me es suficiente, ni siquiera tomando en
cuenta los pasos que he dado en la consciencia.
Veo que son demasiados pocos pasos, y que hasta ahora inútilmente me ha
sostenido el orgullo. ¿Así que al final
de cuentas la imagen superó la esencia y te hiciste súper visible? Es difícil vivir
con ojos que me miran todo el tiempo. Es
difícil no ser invisible ya. Ante tanta
visibilidad, proyección y mundanidad exijo a mi alma que aparezca, que no se me
esconda y me deje sin armas espirituales para combatir desde este cuerpo. Esta es la coyuntura de mi proceso. El mundo tal cual es me pide que entregue mi
alma y mi cuerpo devocionalmente; que haya música, danza, canto, fuego, luna y
el corazón abierto, pleno y libre en el amor.
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