Tú tienes que saber lo que pasa cuando hay un signo rosa
borboteando en nuestras manos
Nuestras manos de poca cosa
Nuestro ímpetu de querer hablarnos entre las plantas más que
otro hábitat que parezca para nosotras.
Porque no somos como parecemos; si nos miraras de cerca, tal
vez somos idénticas a esa cercanía.
Tal vez no hay más que ponerse a fregar los trastes de las
otras, porque sabes? Ella no tiene tiempo y no tiene casi ropa, pero sí tienes
hijos, pero tiene otras hambres, pero no pasan hambre que yo sepa porque saben
sembrar.
De vez en cuando somos perfectas, pero no solas, somos
perfectas juntas. Me dan ganas de llorar
de pensarlo, lo tan perfecta que somos.
Quiero decir, qué hay después de danzar cuando hemos dicho a
pesar de creer que no me querrías.
Aunque hemos sido más pequeñas que ahora, y un día me han
quitado a su hijo, un día me han cerrado la puerta, un día han creído que yo he
querido quitarle al hombre, y entre las piedras que han caído me han
derrumbado, pero vamos, nosotras no perdemos el tiempo en olvidar que tampoco
yo las he cuidado, y hemos seguido.
Ahora somos, somos del mar, y en la misma proporción somos de la tierra.
Ya para qué insistir en lo que se hundió en aquella
corriente del océano; perdí la flor que nos hacía ver jardines donde trabajar
con alegría; perdí no más que ellas, perdí una hija que quizás era hijo, el pan
lo perdí, los veranos se fueron.
En nuestras vidas distintas pasa lo mismo, nuestro entorno
se abre y cierra, alguien nos mata, alguien nos regresa a la vida más hermosas
que antes.
Tienes que saber lo que ellas merecen como lo sé yo ahora,
porque llega un punto en que tú las ves y ya sabes, nacieron para esto, y los
golpes ya no levantan golpes si lo más que queremos es bañarnos en el río.



