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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Saturday, April 30, 2016

La literatura va a desaparecer

En alguna aplicación para smartphone, Julio Cortázar y los estudiantes de undécimo grado de la Escuela Ramón Vila Mayo, se hubieran podido entender.  Pero no porque ellos no entiendan a Cortázar, y menos, con la ayuda de los niveles de comprensión lectora a donde los guía el maestro Juan Cortés; si no, entenderse en el sentido de conectar, de encontrarse en códigos, reconocerse en el otro, volverse a conocer a sí mismo desde lo olvidado desde siempre.
Por alguna razón, en la clase de Español de la Vila Mayo, los muchacho/as no se paran en el lugar de ser lectores de Cortázar; pasan las páginas para llegar al final, hasta cerrar el capítulo del año, y no para pasar hacia otro año escolar, si no para zumbarse de cabeza en el verano.
Corren los tiempos de finales de abril del 2016.  “El futuro ya llegó.” Pero en la Vila Mayo es como si estuviéramos en la década de 1980, más cerca de los 70’s que de los 90’s.  Sólo un indicador confirma que hemos pasado el 2010: los smartphones.  Los smartphones nos sitúan en contexto histórico, pero sugieren también la idea de vivir en una época en que estos aparatos los regalan.  Es una de las cosas que abundan en esta escuela pública del país; aunque también hay abundancia de otras.
La cosa podría ser: introducirles a Cortázar en el smartphone, narrarle los relatos en voz alta, con los auriculares puestos, y cada dos minutos, lanzarles un anuncio de reguetón, volver al texto, dos minutos más y reguetón: meneo, sudor, lírica de verdad, lírica cuerpo con cuerpo.  ¿Cómo se entenderían Cortázar y ello/as, si supieran cómo entender la necesidad de Cortázar?  La vida tan presente inmediato y Cortázar tantas palabras mediadas de significados tan lejos de donde vivimos.  A Cortázar que ni le gustaría el reguetón si hubiera nacido puertorriqueño, ni siquiera el ritmo; y la bachata tampoco, porque en esta escuela muchos somos dominicanos también.  ¿Y si los ponemos a jugar con literatura de Cortázar en videogames para que les entre? ¿Y si estudiamos de Cortázar algo más, que ello/as conviertan en objeto de estudio? ¿Si nos apropiamos del texto? ¿Si dejamos de decir Cortázar? ¿Tan empeñado estaría él en momificarse? ¿Si la literatura se revolcara de una vez en la dimensión del alma? ¿Y si trabajamos productiva y conscientemente la literatura de Cortázar integrando tecnologías educativas? ¿Si los chavos que Juan afirma que no llegan a la escuela, que se lo quedan los burócratas, llegaran? ¿Si los maestros contaran con la capacitación y las herramientas? ¿Si hubiera abanico en los salones para no asarse? ¿O si la escuela y los estudiantes no desearan lo que el Departamento de Educación les debe? Aunque no quedara otra todavía que acatar su currículo ¿Qué sería la literatura de Cortázar en la vida de los estudiantes de la Vila Mayo?  Pero, “la literatura va a desaparecer del mapa curricular”.  Es un hecho visionario de Juan.  No son predicciones para el año 2050, no, para mañana, 2017, tal vez, a más tardar.  Cortázar, que se salvó de desaparecer durante la última dictadura argentina.  Quizás nadie extrañe la literatura, porque hacía rato estaba muerta, peor, convaleciente, daba indicios de vida, pero era superada por la pulsión de muerte.  Inadaptada, vieja, había perdido el sentido y la voluntad de vivir en medio de cambios vertiginosos.  Ahora se vienen los textos informativos: legales, científicos y de turismo.  La revolución del nuevo currículo del área de español, cambiará el país.  Va a cambiar, definitivamente será otro país, sin Cortázar, que, aunque muerto, siempre uno que otro lo revive; aunque lejano, siempre podemos encontrar maneras de conectar.  Hubiéramos podido conectar, con un poco más de imaginación docente, de propósito, y hoy, con tecnología en la educación. Pero si no hay, si la tecnología abunda por su ausencia, ¿podemos inventar entre maestros y estudiantes tecnologías de la conciencia y la imaginación?  ¿Podemos desafiar y denunciar, bastándonos con nuestros propios recursos, la situación de maltrato político que vivimos?
Mira, hay once computadoras en la Ramón Vila Mayo, pocas sirven todavía, todas están en el salón de español de Juan, él las consiguió a través de una propuesta privada.  Hay un proyector y una impresora que también salió de su salario de maestro y presta a los estudiantes, docentes y personal.
¿Qué le importa a una señorita en París[1] lo que a mí me pasa en Capetillo? Eso estaría pensando el inconsciente de Laleshka cuando llegó a la clase de español con los auriculares puestos, conectados al smartphone, escuchando algo que evidentemente era reguetón, porque se paró frente a la proyección donde se leía el texto, y con la cadencia del género musical, movía el cuerpo y la cabeza, como diciendo, NO.  





[1] Referencia al cuento de Cortázar leído en la clase de Juan Cortés.

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