Deislyan se convirtió en
cisne. Así les ponen los nombres a los
niños ahora. Hoy conocí una muchacha que
se llama Laleshka. Pero ayer estábamos en el yoga, éramos poquitos, de nueve y
diez años como Deislyan. Deislyan y Amal
siempre están juntas, pero Amal no pudo ir porque estaba en tutoría. Nunca había estado Deislyan sin Amal en el
yoga. La última clase, casi en secreto,
Deislyan me preguntó si había una postura de cisne, y yo le contesté que no
sabía pero que podía inventarse una para la próxima vez que nos viéramos. Entonces, para esta vez, se me ocurrió que
todos podíamos inventarnos posturas, ponerles nombres tan originales como los
de ellos, y yo le iría metiendo por el lado los fundamentos de la
práctica. Entonces, calentamos, y luego
se abrió un girasol, una flor nacida, una p al revés, un árbol florecido, y un
pez dorado que era Deislyan convertida en cisne. Después de todo, los nombres eran sencillos,
las posturas eran de ellos, y me enseñaban a hacerlas, “hasta donde usted pueda
maestra”, me decía Deislyan, para que yo también pudiera ser cisne, pero un
cisne real, real, como se fue dando su transformación.
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