Tengo algo que decirle cuando está rasgando el polvo de
otras manos. Su estado inmenso ciega las
veces de alambre y deja que se rompa. Voy por lo más visto entre miniformas
cuya tez. Me aguanta la primera letra del reloj de pared roja con cuantas
alas. Sigo a la sorda de la cantata
mordiente por el círculo recto que abre al mar.
Después pasa el ojo fascinado que murmurea soles con vínculos a caballo conmigo
aquí. Su gesto en parte, con la mano puesta.
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