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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Thursday, March 17, 2016

Gustavo


A Gustavo nadie le dijo que fuera para allá, porque la clase de yoga no es obligatoria, algo bueno tiene.  Pero él un día quiso entrar, entrar porque hay puerta y cosas lamentables de ese tipo.  A los pocos minutos se había armado un escándalo entre Gustavo y Robinson, que venía a pedirle una libreta de una clase de la escuela.  Y Gustavo que no y que no le iba a dar la libreta.  Se puso terco como no sé qué.  Y ahí estaba la maestra de yoga intentando abrirle el corazón para que le diera la condená libreta a Robinson y se acabara la guerra.  Como él no cedía trajeron a una tutora para obligarlo a darle la libreta a Robinson, aunque ella casi le jarta una galleta él seguía con que no y que no. Pasaban niños a donde Gustavo y le recriminaban furiosos que no quisiera prestarle la libreta a Robinson, porque entonces Robinson se iba a colgar si él no le hacía ese favor y la mamá le iba a pegar y a castigar. Pero Gustavo seguía que no y que no y que no.  Mientras tanto yo seguía al lado de él, hablándole suave y despacio para contrastar, permaneciendo para contrastar, y creyendo en él para contrastar.  Cuando todos se cansaron de la maldad de Gustavo le dije si quería sentarse derechito, cerrar los ojos y respirar.  Así como lo que yo estoy haciendo, Gustavo.  El dijo que sí.  Llegó a padmasana de una vez, entornó los ojos hacia el otro lado, calló la boca e inhaló y exhaló como le había sugerido que lo hiciera.  Así estábamos los dos, respirando a pesar de todo lo que ocurría alrededor.  No sé qué sucedió con la libreta, pero Gustavo viene a la clase siempre que lo traen al club, nos ponemos contentos de vernos, me cuenta cosas que siente y que piensa, y de todas las posturas prefiere la de meditación.

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