Hace noventa días estamos
caminando. El viento pasa a través de
todo lo que somos y nos empuja hacia el frente.
A Mariano no se le escucha casi la voz, viene como de muy lejos y recibo
algunos fragmentos de tomates tornando de color; con eso sobrevivimos a estas
horas. A mí me ha dado por callar para
siempre, ni yo sé cómo justificar lo que pueda salir de mi boca. Miro hacia adelante y a veces empiezo a mirar
a cualquier lado, y de repente para atrás.
No puede haber nadie cerca, pero hay temor a una bestia salvaje que pudiese
aparecer. No sabíamos que nos iba a
llevar tanto tiempo; caminar se ha vuelto lo más natural del mundo, ir según
los pasos desde que amanece. Ya no nos
importa si vamos a llegar o no, y a veces nos damos la mano como si
estuviéramos en un escenario distinto.
El día número cuarenta y cuatro me escuché poesías que tenía olvidadas,
y ese día coincidió con las poesías que Mariano empezó a recordar. Ahí fue que supe quién era él y él se dio
cuenta por fin de quién caminaba a su lado.
Pero la voz ya se nos cansó más que los pies o el resto del cuerpo. No puedo explicar por qué; tenemos tanto que
respirar. Tal vez, en cualquier momento,
él suba por un cerro y yo siga caminando junto al río. Eso puede pasar y el viento va a seguir
acompañándonos a ambos. Este día número
noventa por fín puedo expresármelo en palabras.
No comments:
Post a Comment