Era el cumpleaños de Julie. Alguien había dicho que en una galería, a pocas cuadras, había música, y que no cobraban la entrada. Bruno se acercó a ella; la felicitó. Todos nos despedíamos de Matías que se quedó atendiendo la librería. Manuel y Julie se subieron a sus bicicletas para llegar a la galería y los demás fuimos caminando. Me acerqué a alguien que todavía no conocía, tenía un tambor colgándole del cuello, y el pelo largo atado atrás. Bruno me había hablado de él el día que regresé. Dijo que hubiera querido conocerlo antes, cuando era más joven y perdía el tiempo con otras personas. En su cara se veían los años que aventajaban a Bruno. Yo simplemente caminaba a su lado. Veía a Bruno extinguiéndose en la distancia. Nosotros nos trasladábamos paso a paso.
-¿Cómo se puede
viajar solo?- le pregunté-
El seguía mirando
hacia delante y yo me quedaba atenta a su perfil.
-Puede ser que
necesites encontrar en vos tu compañía y buscar el conocimiento de lo esencial,
pero no podés encerrarte en vos misma, te podés convertir en tu propia prisión.
-Quiero ir a la selva
-dije-
-No tenés por qué
hacer esos saltos. Además, no vas a durar en la selva si dejás que te invadan
esas emociones. Podés viajar de muchas maneras y en muchos tipos de lugares. En
el viaje no se puede sufrir, mejor camina despacio; el viaje te va a ir
llevando donde tenés que estar en ese momento. Los caminos se te van a mostrar. Tenés que confiar.
Habíamos llegado a la
puerta de la galería. Entramos juntos y no sé por qué nos separamos. Bruno
estaba de espalda, recostado de una pared, de brazos cruzados y quieto, mirando
hacia la muchacha con guitarra que cantaba. Julie estaba dos pasos detrás de
él, no miraba nada, estaba inquieta. Me detuve antes de pasar por su lado. Era
una presentación de música triste compuesta en especial para esa noche. Preferí
salir. Me senté en el cordón de la vereda, armé un tabaco y me puse a mirar el
cielo sin estrellas. Manuel también había salido, pero se quedó cerca de la
puerta y no hablábamos. El humo se escapaba de mi boca y traspasaba mi visión.
Julie apareció a mi lado, se sentó muy cerca de mí, se tocaban nuestros brazos.
Sacó un cigarro de una cajetilla y lo encendió.
-Felicidades- le
dije.
-Gracias- contestó-
Disculpá que anoche entrara al Triscaleón. Estábamos muy cansados y no
queríamos volver en bici; pensamos que, tal vez, nos podíamos quedar ahí.
-No había espacio de
todas maneras- dije.
-¿Qué vas a hacer
ahora?- preguntó
-No sé
-¿Qué tenés ganas de
hacer?- volvió a preguntar
Acerqué mi cara a la
suya. Nos mirábamos a los ojos. Podía abarcar, tras el humo, sus labios, su
frente, el pelo lacio alrededor.
-Quiero irme de aquí;
viajar sola.- le dije
-Yo siempre he viajado
sola. También quiero irme, dejar esto.
-¿Dejar qué?
Julie se quedó
pensativa
-El materialismo-
dijo, dividiendo en sílabas la palabra, en tono dubitativo, con su acento
francés.
-¿Cómo son los de tu
signo?- le pregunté
-Muy cerebrales-
-La mente también es
materia- le dije
-Y el corazón-
contestó Julie
-¿Nunca has sufrido
viajando?
Julie buscó la
respuesta
-No- dijo- He pasado
hambre, pero al siguiente día estaba en un palacio; así es el viaje.
Julie encendió otro
cigarrillo, yo armé otro tabaco. Nos quedamos un rato en silencio mientras
fumábamos. Mis ojos se iban a la calle en lugar de al cielo. Julie miraba para
todos lados, como buscando algo, alguien, pasaba la vista por encima de Manuel.
Había más movimiento de gente entrando y saliendo de la galería. Julie se
dirigió nuevamente hacia mí.
-¿Qué escritores te
siguen?- preguntó
Llevé la mirada hacia
un punto invisible de mi lado izquierdo y cuando retorné a ella le contesté.
-Hay uno que es
pianista, y pobre. Sus relatos se construyen en base al recuerdo, pero la
operación de la memoria funciona de tal forma que de lo vivido rescata lo no
vivido, lo que no participa de lo aparente, ni de lo inteligible, y que es
hasta cierto punto intraducible en acción o en imagen. Va detrás del símbolo
sin tener explicaciones previas. El símbolo concatena y sostiene el texto por
sí mismo. La idea se elabora en un recorrido sin progreso. La realidad tiene
miles de pasadizos secretos.
No despegábamos
nuestras miradas. Frente a nosotras estaban de pie Bruno y Manuel.
-Vamos a casa a tomar
un vino- dijo Manuel.

No comments:
Post a Comment