Hace varios años tenía apagada una grabadora de voz. Hoy le puse baterías. Y le di play. Hablaba una argentina, joven. Estaba en varias rutas argentinas, del norte,
esperando que un auto la levantara para seguir viaje. A veces la voz se la comía el viento, pero yo
sabía cómo continuaba la narración, bocado a bocado. Ella estaba acompañada, y en varios momentos se
dirigía hacia él. Y de pronto, aparecía
la voz de él. Apareciste vos y fue como
volver a estar juntos de nuevo, vagando por el mundo, viendo, escuchando, y
subiendo a los camiones, yendo atrás en las camionetas, entrando en las casas de la gente, durmiendo
en sus camas, clavando las estacas de la carpa en los centros de la nada. Ella describía los paisajes, se quedaba
contemplando dos burritos, contaba lo que habían vivido los pasados días,
quería dejar algo que estuviera escrito con su voz y la del viento. Ahora que me encontré con ella le volví a
tomar mucho cariño, me sentí muy afín con lo que expresaba y hasta me dio
nostalgia de no ser ella al mismo tiempo que soy yo, de poder vivir
simultáneamente su vida y la mía de hoy, que también es urgente. Me dio nostalgia el viento, la ferocidad de
esos vientos que ellos desafiaban.
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