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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Wednesday, March 30, 2016

MIs hermanas


No hubo una que pudiera remediarlo

De cansar las dudas le basta a mis hermanas

Yo ando sola a caballo sin mañana

Ellas se mecen en las playas

He atrapado sus rastros de pequeñas sorpresas

El cuarto oscuro sin sus soles tostados de trenzas de tres

Yo vi el tres por todas partes, tres ojos, tres gritos, tres riñones

Me acosté en la arena a esperarlas y llegaron con amores, con traiciones, con sobrinos

Cruzo la mitad de los apartamentos, las casas, los montes no vividos que quisiera dibujar

Ellas están soñando en ruinas en sueños en que llegas tú a despertarnos

Al árbol donde no hemos podido treparnos sin ayuda de madres salvajes

Sin la insignia de padre sin

Yo he costeado la tragedia verdemar que corre sin cortina con

Son mis favoritas caracoles que sentamos a mirarnos

Los vientos que han rodado con o sin saberlo como eran

Mis hermanas estelares

Mi música a tres voces tristes y alegres

De tres manos suaves y fuertes

Que embisten tres disparos mortales

De tres hermanas de antemano

Trenzadas con fuego, agua, aire

Con la tierra brillante

Hechas un embarre

Sunday, March 27, 2016

Se irá poniendo cosmos


Se irá poniendo cosmos.  Tendrá jardín.  Lo haremos juntas con el afecto en punta de flecha. De ahí nacerá la que forma la corriente en cierto sentido.  Podrá tocarse las manos para acercar los ojos a los pies hasta la boca.  Tendrá donde mecerse en huelga de hacerse sobre continuar.  No tardará en serenarse.  Sanarse. Aprovecho para decir:

Estaremos en redes de oficios puros.  Quiero verte.  Será de tiempos largos con orillas.  Aprovecho para decir:


No dice.  De no hacerlo en ámbitos de cielo.  Fibra música de rodillas.  Aparte suena un sueño.  Podrá tocarse



Friday, March 25, 2016

Este día

Hace noventa días estamos caminando.  El viento pasa a través de todo lo que somos y nos empuja hacia el frente.  A Mariano no se le escucha casi la voz, viene como de muy lejos y recibo algunos fragmentos de tomates tornando de color; con eso sobrevivimos a estas horas.  A mí me ha dado por callar para siempre, ni yo sé cómo justificar lo que pueda salir de mi boca.  Miro hacia adelante y a veces empiezo a mirar a cualquier lado, y de repente para atrás.  No puede haber nadie cerca, pero hay temor a una bestia salvaje que pudiese aparecer.  No sabíamos que nos iba a llevar tanto tiempo; caminar se ha vuelto lo más natural del mundo, ir según los pasos desde que amanece.  Ya no nos importa si vamos a llegar o no, y a veces nos damos la mano como si estuviéramos en un escenario distinto.  El día número cuarenta y cuatro me escuché poesías que tenía olvidadas, y ese día coincidió con las poesías que Mariano empezó a recordar.  Ahí fue que supe quién era él y él se dio cuenta por fin de quién caminaba a su lado.  Pero la voz ya se nos cansó más que los pies o el resto del cuerpo.  No puedo explicar por qué; tenemos tanto que respirar.  Tal vez, en cualquier momento, él suba por un cerro y yo siga caminando junto al río.  Eso puede pasar y el viento va a seguir acompañándonos a ambos.  Este día número noventa por fín puedo expresármelo en palabras.

Thursday, March 17, 2016

Gustavo


A Gustavo nadie le dijo que fuera para allá, porque la clase de yoga no es obligatoria, algo bueno tiene.  Pero él un día quiso entrar, entrar porque hay puerta y cosas lamentables de ese tipo.  A los pocos minutos se había armado un escándalo entre Gustavo y Robinson, que venía a pedirle una libreta de una clase de la escuela.  Y Gustavo que no y que no le iba a dar la libreta.  Se puso terco como no sé qué.  Y ahí estaba la maestra de yoga intentando abrirle el corazón para que le diera la condená libreta a Robinson y se acabara la guerra.  Como él no cedía trajeron a una tutora para obligarlo a darle la libreta a Robinson, aunque ella casi le jarta una galleta él seguía con que no y que no. Pasaban niños a donde Gustavo y le recriminaban furiosos que no quisiera prestarle la libreta a Robinson, porque entonces Robinson se iba a colgar si él no le hacía ese favor y la mamá le iba a pegar y a castigar. Pero Gustavo seguía que no y que no y que no.  Mientras tanto yo seguía al lado de él, hablándole suave y despacio para contrastar, permaneciendo para contrastar, y creyendo en él para contrastar.  Cuando todos se cansaron de la maldad de Gustavo le dije si quería sentarse derechito, cerrar los ojos y respirar.  Así como lo que yo estoy haciendo, Gustavo.  El dijo que sí.  Llegó a padmasana de una vez, entornó los ojos hacia el otro lado, calló la boca e inhaló y exhaló como le había sugerido que lo hiciera.  Así estábamos los dos, respirando a pesar de todo lo que ocurría alrededor.  No sé qué sucedió con la libreta, pero Gustavo viene a la clase siempre que lo traen al club, nos ponemos contentos de vernos, me cuenta cosas que siente y que piensa, y de todas las posturas prefiere la de meditación.