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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Sunday, August 30, 2015

Inhóspita

Voy a esconderme debajo del carro del vecino para no perderme el momento en que me pisan las gomas de tu bicicleta roja. Quiero ver el diminuto espacio de tiempo en que puedes pedalear sin la soberbia de aplastar como un camión mis manos abiertas sobre tu pecho hundido. No puedo perderme la intersección en el ángulo de tus piernas congeladas en la prisa. Mi cara está presionada contra la pared del piso tierroso sólo para compartirme sola el deseo de verte volar.
Podría encontrar un lugar menos infantil para salvarme, pero el juego de perderte parte a mi angustia de niña. El vecino quiere arrancar y no sabe que estoy esperando en carne viva que me inviten al balcón y me ofrezcan escuchar la radio junto a ellos, mientras tú no pasas por las calles que no te vieron nacer y que a mi me mataron más de una vez hasta ahora.
En mi casa todos se fueron y yo perdí la llave en el camino pensando en las plazas de tu ciudad.  Bañada de un aceite verde con el que me quemaste, salgo reptando por el piso hasta la grama que separa la acera de la calle que vas atravesar sin que te vea. Los vecinos ya no son como los de antes y no me ofrecen tan siquiera agua ni un trapo para limpiarme de la mugrienta sed donde me he metido. Yo no puedo decirles que me den una mano y un poco de fuerza para montarme en mi bicicleta nueva.
Los otros niños del barrio no son como yo, están adentro de sus casas poniendo en orden sus cosas, haciendo sus tareas, ayudando en la cocina. A mi me cuesta demasiado estar adentro y provocarme el hambre que no nace de mi. Intenté antes entregar mi libreta sin borrones pero una y otra vez me auto corregía. Las cosas hace mucho tiempo me dejaron de pertenecer, por eso no puedo ponerlas en un lugar seguro sabiendo que no podré escapar del cuidado de estar sobre mí. Y no es que por esconderme aquí esté buscando el peligro o acomodarme en la tumba.
Sé que vas a pasar con las manos despegadas del manubrio para que yo te crea y entienda mejor que tu entendimiento que compito tan silenciosamente como antes y en soledad. Porque yo no soy como las otras niñas del barrio, me creo sin saber de su angustia encajonada en sus cosas y modales y en sus casitas de juguete con muchos cuartos y en sus palacios. Pero es cierto que yo también tengo una bicicleta nueva, como ellas, y tú no, y qué importa, si estoy tirada en la grama esperando que lleguen a abrirme la puerta porque tengo que entrar.

BA, 2006

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