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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Saturday, May 9, 2015

Oda al Rancho

A pesar de las ventanas francesas, vidriadas, que bordean esta casa, de la luz que como efecto de ellas entra escandalosamente, de la belleza aristocrática de las mesas y las sillas, del agua caliente y deliciosísima, de la diafanidad de estos días de otoño, del refulgente verdor del jardín, a pesar de la elegancia de este ambiente en el centro del cual yo me siento un poco más distinguida, y del buen gusto, a pesar de la excelsitud de la vida en la costa, y de mis visitas al mar, yo siento una nostalgia implacable por el rancho. Hace días vengo mirando la puerta cerrada, frente a mí -que escribo sentada a la mesa- la miro presintiendo que es una amenaza, que su llave bien puesta me asecha, que su diminuto diámetro de transparencia es una señal. En el rancho no había puerta, solamente un endeble portón con una desvencijada red picoteada por el tiempo, solía estar cerrado, sí, con un mísero pestillo, pero para no convocar a un concurrido baile de moscas adentro. M se acostumbró a orinar detrás del acoplado del camión mirando la luna. Ya no puedo llegar y desde la tranquera detenerme extasiada a observar la inmensidad que era nuestro patio, y la huerta allá, al fondo, volviéndose una selva de zapallos.  Yo conocía cada grieta de humedad y distinguía los cantos de los pájaros. Me dan nostalgia nuestras noches, nuestro amor por esa casa, sentirla tan nuestra, quererla con todo el sufrimiento que ella nos manifestaba. Le agradezco el hacha, y la pala, y el agua congelándome sin pena. Le agradezco su derroche de fealdad, y de agujeros y carencia. Le agradezco la enseñanza, la disciplina, la entrega. Nada fue nunca tan propio para mí, puedo ver los árboles desde abajo todavía, saber exactamente cómo eran las hojas, sentir de nuevo en la palma de mis manos la corteza desgarrada. Ya no llega el sordo a traernos la leche recién ordeñada, y no veo a la toulousina devorársela completa. Pero eso no es todo, no, no es todo, es siempre algo más, algo, inclusive desconocido para mí, porque desde aquí veo el cielo incendiarse hasta llenarse de oscuridad, y hay un caballo que vive todo el tiempo frente a mi ventana; entonces es algo más, es como si algo se hubiera ido para siempre, o no, es más bien como si eso que busco se hubiera quedado, sin empacar, tal vez, en esa casa ahora vacía.

2010

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