En estos días me ha vuelto a la mente Martín; aquellos días en el
monte de Martín y Alué, su niño de ocho años.
Entro en imágenes específicas y me acerco hacia las cosas, los objetos o
el sol o los ojos de Martín. Hoy cumplo
34 años y en esos días el cumplió la misma edad. Fue hace como cinco años y Mariano y yo
tratamos de hacerle una torta al fuego pero después no sé qué pasó que se
rompió y quedó mal. Mariano seguramente
me odió durante días porque hice que algo quedara mal. Ayer un muchacho que me gusta compró una
sandía en el mercado agroecológico donde trabajo, la puse en una mesa y se cayó
y partió en mil pedazos, él me recuerda bastante a Mariano y yo le dije que
esas cosas me pasan todo el tiempo. A mí nunca me gustó
Martín pero me significaba un ejemplo, era uno con su palabra, o al menos
intentaba de verdad serlo. Tal vez ahora
me viene a la mente por los 34 pero también para rebuscar en ese recuerdo
algunos valores que yo quiero trabajar como veía que él los trabajaba, duro, con
mucha paciencia y todos los días, aunque también se dejaran escapatorias
galopando los valles. Me parece que Martín había encontrado su propio ritmo, y
que ya eso era un paso muy grande. Mariano también había encontrado su ritmo,
eso también es cierto, y en Martín encontró más vida de la que tal vez yo vi en
ese momento, y en Alué vió el infinito, mientras yo vi mucha vida, porque no
había encontrado todavía mi ritmo y estaba como dos pasos más atrás. Pero ha pasado algún tiempo y no sé dónde
andarán ellos, ni creo que me guste el muchacho de ayer en realidad porque yo
me hubiera comido la sandía rota del mismo piso y llena de felicidad, a mis 34 años.
No comments:
Post a Comment