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Oh Life! accept me, make me worthy, teach me.

Friday, January 29, 2016

Gaby

De vez en cuando me acuerdo de Gaby, no de ella, de su acto final, pero también de ella.  Durante unos meses, o tal vez un año, vivimos una al lado de la otra, en una pensión en el centro de Buenos Aires.  Eran todas mujeres ancianas menos yo, y menos Gaby, porque una anciana no podría llamarse Gaby; y ella seguía siendo bella y joven a pesar de la edad.  Cualquiera que la vio caminando por las calles de la cuidad debió pensar que era una mujer distinguida, brillante, una profesional todavía activa.  Pero Gaby se encerraba horas y horas en su habitación a mirar los programas más banales de la tele, y se reía tan gritona que me molestaba hasta el colmo.  Tuvimos varias conversaciones casi siempre en el pasillo entre su puerta y mi cortina. Nunca pude descifrar el lenguaje secreto que ella dominaba.  Bastaban unas palabras suyas para alterar por completo mis códigos de entendimiento. Me arrastraba con el verbo hacia la ausencia de noción, y luego yo salía a la cuidad buscando sin saber, una casa de presentimientos excluidos que pudiera atender con todo el tiempo del mundo.  Pero me encontraba las mismas cosas siempre.  Cuando Gaby apagaba la tele era escritora como yo, o como yo he querido serlo.  Tecleaba a maquinilla.  Después que me mudé de la pensión volví unos meses más tarde a saludar a las ancianas.  Gaby no estaba, y no iba a volver.  Un día salió a caminar y se quedó caminando durante días, por la mañana y por la noche, de norte a sur de la ciudad y de sur a norte.  Caminó tanto que los zapatos se le rompieron y siguió caminando descalza y cuando la encontraron ya estaba tumbada en una vereda con los pies en carne viva y la encerraron en un hospital, moribunda.  Yo también he caminado como Gaby, con la suerte de no hacerlo en una ciudad.  Pero también vi atentada mi libertad de caminante.  En cualquier momento vuelvo a caminar.  Depende de cómo sean mis emociones me llega la forma de caminar de alguien a la mente.  Cuando me llega Gaby hay dolor, aunque nunca alcanzará su dolor, y aunque yo me sentí orgullosa de ella.